viernes, 27 de diciembre de 2019

MARVA: EXPERIENCIAS NAVIDEÑAS


Marva:


25 de diciembre 2019

"La noche buena me ha dado un sinfín de vivencias desde la infancia, donde tuve la gran dicha de escuchar en la sala de mi casa a dos grande chelistas: Rubén Montiel, Internacional, y Francisco Montiel, uno de los fundadores de la orquesta sinfónica de Xalapa, disfrutar de las habilidades de algunas de mis tías, primas y hermanos en el piano, el canto, la actuación y la declamación. Cada año con diferentes situaciones, desde esas fiestas masivas hasta la navidad de la familia nuclear de cinco personas, nuevamente el aumento de integrantes y también la disminución. La cena de noche buena ha sido mi festejo de cumpleaños pues nací a las doce de la noche entre el 24 y el 25 de diciembre. El 24 todo es preparación para la cena y el 25 se festeja la natividad de Jesús, Isaac Newton, El contralmirante Manuel Azueta, Osiris, Zarathurstra, Buda, Quetzalcóatl, Huitzilopochtli y muchos más famosillos que yo, además de que si quisiera hacer una fiesta estaría muy desnutrida pues agarro a toda la parentela y amistades borrachas, crudas o enfamiliada. Así que ya me acostumbré a mi cena de cumpleaños, y una fiesta después del 26 (excepción del 28 pues como es día de los Santos inocentes no me creen y nadie viene) o allá por enero.
Estos últimos años con los medios de comunicación, he sido muy felicitada y yo también he felicitado a mucha gente (agradezco a Facebook que recuerde los cumpleaños)
Con todos estos antecedentes verán claramente por qué no puse ayer este escrito en el Facebook,
¡Nadie lo leería! Pero hoy les deseo... ¡Felices fiestas!"


Continuará...
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jueves, 26 de diciembre de 2019

MARVA: ELUCUBRACIONES SOBRE LA VEJEZ

Marva no deja de escribir, y a nosotras nos complace compartirlo aquí para aprendizaje y deleite de quienes nos siguen:

21 de diciembre de 2019


"Esto lo escribí ayer, pero con el frío que hace aún está fresco. Hoy es domingo y la temperatura es de 16ºC. No dan ganas de levantarse de la cama y me quedaré a elucubrar y contarles respecto a las relaciones de un grupo de personas viejas.
Creo que será necesario definir algunos conceptos: uno es la “esperanza de vida” que no es la edad en la que la gente longeva muere sino el promedio o mediana estimada de sobrevivencia de un recién nacido que si llega a los 10 años ya se logró; es decir: si en nuestra sociedad la mitad de los niños mueren antes de los cinco, aunque haya quien viva hasta los 70, le mediana seria de 35 años. La longevidad desde siempre ha sido alta, aún en la época de las cavernas, solo que llegaban muy pocos a más de 80 años y moría la mayoría antes de los cinco años. Otro concepto a aclarar es que vejez es una etapa de la vida, que ahora asusta hasta al más pinto de la ploma pues para el año 2050, el 50% de la población será de viejos y viejas, ya que se considera persona vieja o adulta mayor a partir de los sesenta años y el promedio de sobrevivencia es de 75.1 años en México, pero hay muchas personas que sobrepasamos esa edad en condiciones de vigencia. En esas edades se presentan situaciones especiales como en cada etapa de la vida. El problema es que estamos socialmente domesticados y semi capacitados a lidiar con bebes, niños y niñas, adolescentes, jóvenes, adultos/as jóvenes y adultos/as maduras, con todos sus atinos, desatinos y tropelías, etapas que han sido estudiadas y para las cuales hay teorías y recomendaciones a seguir para su mejor logro. Pero a las personas mayores se les relega a la inactividad, incapacidad y dependencia; no tiene la sociedad ni idea de cómo tratarnos; apenas quien estamos llegando a esa edad empezamos a ocuparnos de estudiarla y sacar experiencias y conclusiones que ayuden a un mejor manejo de nuestras vidas.
Ahora nadie más nos entiende s
i no nos gusta lidiar con nietos, tejer o cocinar y si nos complace trabajar, salir, tener amistades, conducir un auto, andar en moto, manejar una computadora, y recordar épocas pasadas, bailar los ritmos que dominamos en la época de fiestas más tupida, digo época de fiestas más tupida pues en estos momentos de los sesenta, setenta u ochenta vamos siendo menos y no hay muchas fiestas con nuestros co/etarios. Este es un punto crucial que desencadena la soledad generacional, el sentirse que nos estamos quedando solos y que quizá seamos los próximo en desaparecer, pensamiento que impide sentirse feliz por llegar a esta edad, desde luego aderezada con todos las imposiciones sociales de encierro e inutilidad.
En un grupo de iguales sucede que podemos hablar de lo mismo sentir que tu opinión es tomada en cuenta porque pensamos parecido o podemos discutir sin descalificación, bailar al mismo ritmo y velocidad sin presiones del mejor bailarín joven que intenta sacudirte, sin que te digan abuelito/a o madrecita por el simple hecho de tener los cabellos blancos, encontrarte con profesionales o empleados de cualquier lugar que se dirigen a la persona que nos acompaña, más joven, para darle “nuestras” recomendaciones de tratamiento, dieta, tramites, oficios, etc. como si fuéramos idiotas o infantes.
El porqué de la depresión es clara, vivir en un medio que, nos guste o no, es hostil, tener que aparentar para no dar molestias (enseñanza de nuestra sufridora educación), ayudar para no ser una carga o estorbo, cuando ya nos ganamos las atenciones que merecemos; porque solo sería reciprocidad.
Cuando hemos aprendido una educación del sufrimiento y el sacrificio para ir al cielo es muy difícil deshacerse de estas ideas y pensar que se puede y se tiene derecho a divertirse, ser feliz y vivir en paz...
Es un punto crucial para crear la comunidad de convivencia y quiero ejemplificarlo con varios eventos; desde la muerte de alguien que encuentran tres días después; como la caída en la que te rompes un hueso, el dolor que requiere de un té caliente, el papel del baño que se acabó, retomar un recuerdo doloroso que quisieras comentar y sacarlo, el antojo de algo de la tienda que tienes que ir a comprar y que es mejor en compañía, como los elotes de las siete, contar el chiste que te hace reír en ese momento o el recuerdo alegre, asistir al taller de pintura o literatura y salir de la casa al cine con alguien que también va y lo disfruta junto contigo.
Las viejas y los viejos ya no debemos, ya no podemos, ya no queremos estar viviendo solos o en soledad aun con gente, requerimos de una nueva forma de vinculación afectiva, una nueva forma de familia que dé satisfacción a necesidades que debemos hacer conciencia de que las tenemos, y aceptar que las vivimos y que hay quien tiene otras pero podemos ser un apoyo para ellas y ellas para nosotras.
El domingo pasado en el desayuno de las cuatro una de ellas concluyo lo hablado diciendo que: <Si el grupo se planea bien y se consolida, no será necesario salir de él por enfermedad o invalidez, pues en la “Nueva Familia” todo esto se solventa por la nueva vinculación y buena organización>. ¡Lo creo! Lo he vivido un año y entiendo ese gran miedo que le tenemos al cambio prefiriendo quedarnos en el confort del “más vale malo por conocido que bueno por conocer” (otro constructor social).

Continuará...