Aquí Marva:
19 de febrero
2020
Ésta ha sido la segunda
sesión de quimioterapia, ahora fue un solo día, pues el desabasto de
medicamento obligó a mi médico a cambiar el esquema de tratamiento de algunos
anti neoplásicos intravenosos, a orales; nuevamente es una etapa de estudiar lo que pasa y siento en mi cuerpo. Lo bueno es que el reconocerme como un
animal me ha llevado a la observación y reconocimiento de los lugares donde se
presenta alguna alteración, la medicina le dio nombre y me ayudo a conocer sus
funciones. Ahora estoy expectante de mis reacciones, que
posiblemente sean las mismas o se agregue alguna otra.
No todas las personas con tratamiento anti canceroso tenemos las mismas reacciones, algunas les afecta más el sistema gástrico produciendo nausea, vómito, diarrea o estreñimiento, el cardiovascular con hipertensión, palpitaciones, o aumento de la frecuencia cardíaca, el aparato respiratorio con falta de aire, tos... y así cada sistema del cuerpo puede reaccionar a la medicación, con un solo sistema o con varios. Mi talón de Aquiles parece que es el neuronal: las terminaciones nerviosas de manos y pies reaccionaron con entumecimiento y sensación de espinas clavándose, con el agua fría desde la vez anterior y ahora con el frío del clima, la lengua se me duerme con temperaturas bajas. Y con el primer bocado o trago de algo, las parótidas y los músculos de las mandíbulas se contraen como cuando se chupa limón, llega a ser ligeramente doloroso y rápidamente pasajero. Hasta ahora no me ha atacado el sistema gástrico pues me hubiera dado más rechazo a mi Bolsorita, ya que me ha puesto en situaciones complicadas.
Es difícil de aceptar cómo cambia la forma de vivir el día a día con un instrumento pegado en el abdomen, desde el entrenarse para hacer los cortes de la base de la bolsa para que el estoma quede bien rodeado, a la medida, después hay que calentar la goma que pegará la bolsa a la piel: en casa hay manos calientitas o plancha para lograr el ablandamiento, acto seguido acomodarla, atinándole, pues son opacos los plásticos de los que están hechas, que quede bien centrado el estoma, esto requiere de otra persona que lo haga, yo lo he intentado sola dos veces y no han sido de lo mejor los resultados. Este es el primer motivo de rechazo pues me crea dependencia de alguien más. El segundo es el que me ponga en evidencia con los ruidos de los flatos que no son controlables por “buena rienda que tenga” como dijera la tía Pancha, lo bueno es que los aromas los puedo descargar en el baño…lo más grave que me ha pasado es que aún teniendo calculado el tiempo de duración del pegamento desde hace varios meses, pues antes esperaba que la bolsa diera señales de su desprendimiento, con la tensión de salir y que en algún lugar comenzaran esas señales que eran, primeramente, mal olor. Aún así con el control ya establecido, en una ocasión la señal fue rápida y total y se comenzó a desprender en mitad de una comida con varias invitadas e invitados de la anfitriona, tuve que solicitar a una amiga que me llevara a casa para cambiarme la Bolsorita, con este evento la odié con odio jarocho.
Los cambios en mi forma de vida son difíciles para adaptarse rápidamente; aún la forma de bañarme ha cambiado: no puedo mojarla por lo que requiere de ser cubierta con bolsas de plástico pegadas con cinta adhesiva lo suficientemente bien colocadas para que no entre el agua, realmente me impide disfrutar de la ducha prefiriendo hacerlo a cubeta y jícara, donde puedo controlar mejor la caída del agua. ¡Vaya!, es tanta la molestia que en ocasiones mejor me doy un baño Xalapeño y mucho talco.
Los cambios en la forma de vida son grandes y eso es solo en lo que respecta a la libertad, los hábitos cotidianos y los malestares físicos: falta enumerar los que se presentan por la frustración de los proyectos y tener que parar o modificar los quehaceres cotidianos, y resignarse a ver cuánto nos afectan pero valorar que es una etapa que además de buscar y encontrar la salud dejará una gran experiencia de vida que habrá que capitalizar para bien de quien quiera oírla o leerla y para mi personal crecimiento en todos los aspectos de la vida y aún en mi labor como terapeuta familiar sistémica.
No todas las personas con tratamiento anti canceroso tenemos las mismas reacciones, algunas les afecta más el sistema gástrico produciendo nausea, vómito, diarrea o estreñimiento, el cardiovascular con hipertensión, palpitaciones, o aumento de la frecuencia cardíaca, el aparato respiratorio con falta de aire, tos... y así cada sistema del cuerpo puede reaccionar a la medicación, con un solo sistema o con varios. Mi talón de Aquiles parece que es el neuronal: las terminaciones nerviosas de manos y pies reaccionaron con entumecimiento y sensación de espinas clavándose, con el agua fría desde la vez anterior y ahora con el frío del clima, la lengua se me duerme con temperaturas bajas. Y con el primer bocado o trago de algo, las parótidas y los músculos de las mandíbulas se contraen como cuando se chupa limón, llega a ser ligeramente doloroso y rápidamente pasajero. Hasta ahora no me ha atacado el sistema gástrico pues me hubiera dado más rechazo a mi Bolsorita, ya que me ha puesto en situaciones complicadas.
Es difícil de aceptar cómo cambia la forma de vivir el día a día con un instrumento pegado en el abdomen, desde el entrenarse para hacer los cortes de la base de la bolsa para que el estoma quede bien rodeado, a la medida, después hay que calentar la goma que pegará la bolsa a la piel: en casa hay manos calientitas o plancha para lograr el ablandamiento, acto seguido acomodarla, atinándole, pues son opacos los plásticos de los que están hechas, que quede bien centrado el estoma, esto requiere de otra persona que lo haga, yo lo he intentado sola dos veces y no han sido de lo mejor los resultados. Este es el primer motivo de rechazo pues me crea dependencia de alguien más. El segundo es el que me ponga en evidencia con los ruidos de los flatos que no son controlables por “buena rienda que tenga” como dijera la tía Pancha, lo bueno es que los aromas los puedo descargar en el baño…lo más grave que me ha pasado es que aún teniendo calculado el tiempo de duración del pegamento desde hace varios meses, pues antes esperaba que la bolsa diera señales de su desprendimiento, con la tensión de salir y que en algún lugar comenzaran esas señales que eran, primeramente, mal olor. Aún así con el control ya establecido, en una ocasión la señal fue rápida y total y se comenzó a desprender en mitad de una comida con varias invitadas e invitados de la anfitriona, tuve que solicitar a una amiga que me llevara a casa para cambiarme la Bolsorita, con este evento la odié con odio jarocho.
Los cambios en mi forma de vida son difíciles para adaptarse rápidamente; aún la forma de bañarme ha cambiado: no puedo mojarla por lo que requiere de ser cubierta con bolsas de plástico pegadas con cinta adhesiva lo suficientemente bien colocadas para que no entre el agua, realmente me impide disfrutar de la ducha prefiriendo hacerlo a cubeta y jícara, donde puedo controlar mejor la caída del agua. ¡Vaya!, es tanta la molestia que en ocasiones mejor me doy un baño Xalapeño y mucho talco.
Los cambios en la forma de vida son grandes y eso es solo en lo que respecta a la libertad, los hábitos cotidianos y los malestares físicos: falta enumerar los que se presentan por la frustración de los proyectos y tener que parar o modificar los quehaceres cotidianos, y resignarse a ver cuánto nos afectan pero valorar que es una etapa que además de buscar y encontrar la salud dejará una gran experiencia de vida que habrá que capitalizar para bien de quien quiera oírla o leerla y para mi personal crecimiento en todos los aspectos de la vida y aún en mi labor como terapeuta familiar sistémica.
Continuará...