Nuestra querida Marva nos comparte aquí sus reflexiones, siempre tan bellas y atinadas, sobre la etapa de la vida que le está tocando vivir, en este mediados de año de 2021.
"Cuando la obscuridad substituye a la luz del día, en el campo, y hace mucho tiempo también en las ciudades o poblaciones, la gente se iba a dormir; con los invento de las bombillas eléctricas y otras chuladas que convierten la noche en día las cosas han cambiado (yo estoy escribiendo), pero no las consejas y realidades: sigue siendo en la noche la hora de las brujas, demonios y encantos, a muchas personas les da tristeza y es la hora de las añoranzas. Yo crecí en un pueblo donde durante mucho tiempo, a las ocho de la noche el controlador del generador eléctrico que surtía al pueblo se iba a su casa a dormir, pues al otro día tenía que despertar a las cinco de la mañana para prenderlo y mandar la luz que moviera el molino de nixtamal que comenzaba a trabajar antes de las seis de la mañana. Igual la gente dormía 8 horas y ahora es raro ver alguien con tanta disciplina como para eso. Dentro de las realidades tenemos que durante la noche y el sueño, es cuando los chicos y chicas crecen, la somatotropina u hormona del crecimiento que en quienes ya no crecemos nos mantiene equilibrada la tensión muscular y salud ósea. Varias hormonas se liberan como la melatonina, la dopamina y la noradrenalina que regulan el sueño, el despertar y el placer llamadas “hormonas nocturnas”. Primordialmente por la noche se produce cortisol que baja los niveles de adrenalina y relaja el cuerpo y la mente; las hormonas llamadas leptina y ghrelina se equilibran, la primera inhibe el hambre y la segunda la estimula, quien mal duerme desequilibra su necesidad de alimentarse; durante el sueño se produce una proteína llamada factor de necrosis tumoral que podría eliminar células cancerígenas. Muchas hormonas se producen durante el sueño, en la obscuridad, pero para el sistema emocional y con los aprendizajes que tenemos la obscuridad puede ser amenazante, y esa obscuridad se puede dar a pleno medio día como me sucedió durante varias semana en mi recámara; fue cuando empecé a deprimirme que me di cuenta de la importancia de lo que estaba pasando. Con un Herpes Zóster no es fácil vivir, pues la calidad de vida cae en picada: dolor intenso, comezón y ardor aun al tacto, calambres y contracturas rápidas y dolorosas en todo el trayecto del nervio afectado que en mi caso fue de la zona lumbar hacia muslo frontal, lateral y trasero hasta el talón y ortejos del pie izquierdo, pasando por la zona donde Bolsorita se adhiere, sin poder dormir, pues después de salir del hospital los sedantes y analgésicos fueron los convencionales, y algunas noches no surtieron efecto.