Aquí la tenemos:
3 de septiembre 2019
"Estoy en la tercera semana de radioterapia, de seis semanas programadas;
el tratamiento adyuvante tiene un protocolo a seguir en el cual, según los
resultados de la radio, se programa o no la quimioterapia. Ésos pueden
ser la desaparición de las células cancerosas, la continuidad, y yo espero que
no el empeoramiento pero, de alguna manera, esto mantiene en ascuas a cualquier
persona con este esquema de tratamiento del cáncer.
Quiero agradecer a mi hermano, a un amigo y tres amigas, todas y ellos muy cercanos de mi corazón que me han traído o hecho llegar medicamentos de la medicina alternativa y herbolaria que además, son una delicia, como el Kalanchoe en planta para jugos y ensaladas. y como infusión.
En estas cuatro semanas faltantes del protocolo de atención, estaré expectante; una etapa difícil de transitar pues se pueden dar síntomas que antes no estaban y que pareciera que “el remedio es peor que la enfermedad”. No por hacerle mala fama, pero al cáncer se le llama “la muerte silenciosa” por ser asintomático.
Es difícil que no me incomode, cuando tengo tanto sueño que duermo toda la tarde, con la irritación de los intestinos y los ligeros cólicos, la sensación del peristaltismo urgente, quizá un poco de nausea esporádica, no juntos ni constantes, pero cuando se está a la expectativa se les detecta de inmediato, lo bueno es que para todos estos síntomas no deseables, hay un remedio dentro de la herbolaria...
Una buena alternativa es la meditación que para mí ha sido la contemplación del paisaje de mi ventana. Esta tarde el viento hizo gala de su fuerza, el sol brillaba con el poder de las tres de la tarde, las ramas de los árboles se mecían, desde suavemente hasta con cierta violencia ante las ráfagas de aire más fuerte, las altas copas de los bambúes que bordean la barranca que colinda con mi jardín emiten un sonido rasposo y los aromas se mezclan: de flores y hojas, de humedad, de comida calentándose; un momento de encuentro con las fuerzas y placeres de la naturaleza que recarga las pilas del alma.
No me pude quedar detrás de la vidriera. Salí al jardín, para sentir el calor intenso del sol sobre mi piel y el aire refrescándola; por un momento cerré los ojos e imaginé mi melena al aire revolviéndose, ¡Lo disfruté!, aunque traigo el pelo muy muy cortito debido al pronóstico de las quimios que aún no recibo…"
Continuará...