¡Hola! Comparto un buen artículo que puede ser de interés para quienes nos leen. En varias ocasiones he constatado que sí dan descuento con dicha credencial. Además de las que menciona el artículo, está, sobre todo, el 50% de descuento en autobuses, siempre y cuando no se nos anticipen dos o tres personas, comprando boletos con esa ventaja. Algunas compañías aéreas, sobre todo nacionales, dan alguna rebaja. También autobuses urbanos. No se paga nada en zonas arqueológicas y muchos museos. Un pequeño descuento en la cadena VIP's y en alguno que otro más, como las farmacias en Superama, y librerías. ¡Gracias por leernos! y por favor, dejen sus comentarios al pie de esta publicación, pues tienen mucho valor para nuestra asociación.
CrockNICAS MARCIANAS
Vidas
-¿Tiene su credencial del Inapam? —me preguntó la dependienta del stand de la Feria del Libro de Oaxaca, donde estaba comprando un volumen de Wild Cards, el universo creado por George R. R. Martin (sí, soy un nerd irremediable).
-¿Credencial de qué? —le pregunté, sorprendido; en realidad no sabía de qué me hablaba.
-De la tercera edad, para hacerle su descuento.
La
muchacha no era tan joven. Aunque en realidad ya no sé la edad de las
personas que me rodean, por lo tanto no trato de adivinarla. Pero veo
que otros sí lo hacen conmigo, me ven como un viejito. Ni siquiera supe
cómo reaccionar, ¿me debía poner triste? ¿Enojarme con la señorita? No.
Al final decidí darle las gracias: su única intención era hacerme un
descuento, como si supiera que gasto mucho dinero en libros.
En la
Feria del Libro de Oaxaca (FILO) me preguntaron mi edad varias veces.
Parece que es un tema importante para todos. No para mí. Cenando con
escritores en un momento de la conversación, sale a relucir la edad de
cada uno. Los fans me preguntan mi edad, es algo que les
interesa. Quizá de esa manera me pueden ubicar más o se ubican ellos en
el tiempo. Quién sabe.
Cómo les digo, yo no me preocupo mucho por
la edad, o eso creo. Lo que sí me cuestiono es la vida que he llevado.
Me gusta recordar, aunque ahora esté de moda decir que hay que vivir en
el presente. Me encantan las agendas vintage (o sea, de papel, no uso la del iPhone), así que puedo revisar mi vida pasada en varios tomos, como el Diario de Greg.
Hay días especiales (Fin de Año, mi cumpleaños) en que abro una de esas
viejas agendas —1994, 2005— y me pongo a revisar qué hice tal o cual
día. Aunque a veces no importa la fecha especial y lo hago más seguido
de lo que quisiera.
Estoy leyendo el nuevo libro de Paul Auster, 4321,
que trata de las posibilidades de la vida del personaje principal:
Ferguson. Son cuatro posibilidades de vida, y en cada una pasan cosas
similares, aunque muy distintas debido a pequeños detalles: una
borrachera, un accidente, un familiar, una novia, un encuentro sexual,
interés por el cine o por la literatura o por los deportes o todo al
mismo tiempo.
Voy a la mitad del libro, que tiene cerca de mil
páginas. Ferguson está entrando a la universidad, o debería, dependiendo
de la vida que estemos leyendo. El libro está dividido en capítulos:
1.1, 1.2, 1.3, 1.4; 2.1, 2.2, etcétera. Es absorbente, no puedo parar de
leerlo. Además, ver las vidas de Ferguson funciona como un espejo:
mientras leo me cuestiono lo que he hecho hasta ahora: ¿Cómo viví mi
niñez? ¿Fui feliz? ¿Triste? ¿Pudo haber sido de otra manera? ¿Qué
hubiera pasado si hubiese sido hijo único? ¿O si mi familia y yo nos
quedamos en Minatitlán, Veracruz, y no vamos para el DF? ¿Y si no
hubiese conocido a Rubén en la UAM? ¿Y si mi hermano
hubiese decidido dedicarse al diseño gráfico en vez de a la música? ¿Y
si no me hubieran ofrecido (y yo aceptado) escribir en Excélsior hace diez años?
Mi amiga Ángeles también
está leyendo el mismo libro y me hizo un comentario que me sorprendió:
“No sé a cuál historia irle”. Me quedé pensando que yo no veía las
cuatro vidas de esa manera, no se me había ocurrido tener que escoger
una, o que una fuera mejor que otra.
En la FILO me hicieron una
pregunta parecida: de tener que escoger entre la música (ser músico) y
la literatura (ser escritor), ¿cuál preferirías? TODO. Yo quiero todo,
no quiero decidir entre una u otra. En serio, quiero todo. Poder ser
músico, escritor, maestro de yoga, pizzero, carpintero... Claro que las
tres últimas jamás lo he intentado, pero, ¿por qué no? Si ya estoy
llegando a la tercera edad, al menos no en número de años, pero sí en
aspecto, ¿por qué no vivir todas las vidas posibles en una sola?
Y, claro, mi credencial del Inapam la sacaré apenas cumpla 60 años, ¡¡te hacen descuento en libros!!