sábado, 3 de marzo de 2018

Cristina: recuerdos de la infancia



Cristina, amiga y compañera en VIDAM, nos comparte estos recuerdos de su infancia:


LA METICHE


Ahora que me he propuesto voltear a ver menos al dolor y más a las cosas que me gustaban de niña, me deleito en algunos recuerdos simples:

De chica (9 o 10 años) siempre estaba metida en alguna casa ajena; no porque me hubieran invitado sino por iniciativa propia (soy hija única).  Quería jugar, conocer a otras familias, visitar otras casas y meterme hasta la cocina, ver y oler lo que comían, saber dónde dormían y como vivían…Nunca me corrieron, por suerte, así que era uno de mis pasatiempos favoritos: andar de metiche en otras casas. Así hice una amiga de noventa y tantos años, una viejecita que ya casi no veía y estaba siempre sentada junto a una ventana. Llegaba yo a la casa (que eran conocidos de mi madre) y me llevaban con la viejita, jugábamos a las palmadas, a las adivinanzas. Ella me contaba cómo eran las cosas cuando era joven y me preguntaba cómo eran ahora, que si había muchos coches, que si la ciudad era más grande, que como era mi escuela. No recuerdo por qué, pero nos reíamos mucho.

Debo confesar que, ser metiche se me hacía de lo más natural y gratificante; y claramente sabía dónde era bienvenida y dónde no tanto, pero nada me desanimaba. Muchas tardes salía de mi casa dispuesta a conocer gente, saber otras historias de familia. Intuía cuando en una casa la madre sufría. Eran pocos los padres que estaban presentes y, cuando lo estaban, se colocaban en un pedestal inaccesible, inalcanzable aún para sus propios hijos.

Me iba a meter a la casita de la portera que siempre me invitaba el taco de frijoles más rico que haya comido. Iba a casi todas las casas de mi calle y a muchas otras de la colonia, donde había niños. Tampoco se salvaron las casas de mis compañeras de escuela y por supuesto las de mis numerosas tías y sus vecinos. Me gustaba platicar con viejos y niños. Los jóvenes, siempre tan ocupados en sus asuntos románticos, no me hacían mucho caso.

Ahora que lo pienso, era la única metiche de todas las niñas que conocía, pues difícilmente les daban permiso para salir a la calle. Me pregunto ¿por qué me gustaba tanto visitar todas esas casas…?  ¿Y que pensarían de esa escuincla metiche que con descaro y naturalidad se colaba en todas partes?

Nunca lo sabré, pero sí sé una cosa… ¡Como disfruté ser metiche!



Cristina Chávez Sigler

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