viernes, 23 de agosto de 2019

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CANCER. V

Seguimos con las reflexiones de nuestra querida Marva en referencia al proceso de diagnóstico del mal que estos momentos la afecta. Demuestra, como hemos visto, una mente clara, valiente pero finalmente, humana, con sus miedos y temores ante el cáncer y la incertidumbre sobre un futuro próximo que, quienes la queremos, sabemos que será oscuro, pero también esperamos que más adelante haya luz y se abra un camino para que logre sus cientos de planes hasta llegar a los 94 años, fecha que se ha fijado, con la decisión y terquedad que la caracteriza, para decir adiós a este mundo.



"Diagnóstico pernicioso:

--¡Estas imágenes no me gustan! Palabras que salieron de la boca de mi médico gastroenterólogo, ante las horrendas fotos de colonoscopía.


Yo ya tenía previsto desde una hemorroides hasta el más grave, el pernicioso, pero su diagnóstico golpeó y dolió como la muerte esperada de un ser querido después de años de sufrir con él. En ese momento me concentré en escuchar todas sus elucubraciones, comentarios y recomendaciones para entender perfectamente mi circunstancia, y poder vislumbrar un pronóstico. 


Por todo lo que entendí y recordé, la solución única es la cirugía, resección de una parte del colon, lugar donde se encuentra el pólipo tumorado. Realmente eliminar esa parte es curativa, si se encuentra circundado a ese espacio pero, habría que verlo por medio de la biopsia. 


En el inter del diagnóstico y el resultado de la biopsia se revuelven los pensamientos y emociones, una semana en ascuas, una semana de pesadillas, de ilusiones que se hacen pedazos, una semana de iras contenidas cuando me pregunto ¿Contra quién? ¿Contra una enfermedad? ¿Contra mi estilo de vida y culparme? Ni siquiera pude despotricar contra un dios pues soy atea… no voy a la biblia pero sí recuerdo a mis filósofos: Spinoza, Sartre, Ortega y Gasset y concluyo que “yo soy mi circunstancia y que si no la salvo, la circunstancia no me salvará a mí” 


Paso otra noche de insomnio pensando, acomodando o sistematizando mi circunstancia y concluyo, al amanecer, que soy una mujer de 73 años, que dentro de mí soy feliz porque he sido congruente con lo que tengo y puedo, que cuando algo he hecho mal ha sido para dar bienestar a alguien cercano a mi corazón con agradecimiento o sin él, que no tengo reproches hacia mí misma y he aceptado mis fallas, mis errores, y debilidades y algunos arrepentimientos de haber o no haber hecho, que tengo ilusiones y deseos que quiero cumplir antes de morir. Sí, y son muchos, lo que significa que no debo morir por un cáncer de intestino, en este momento. 


Retomo la teoría bioenergética de Alexander Lowen y reviso mi situación desde mis acciones, decepciones, frustraciones y me doy cuenta que estoy enojada pues en algunas actividades externas a mí, siento que subo un cerro de barro mojado donde doy pasos y resbalo y entonces retomo el impulso para llegar más rápido y quizá me desgasto demasiado. Con esta observación me doy cuenta que este cáncer es un “Estáte quieta”, que ningún otro padecimiento me hubiera dado con el mínimo de daño, pues más vale perder un cacho de tripa que un pierna, ojo, brazo y que me da pretexto para tomar decisiones y solucionar algunas de las circunstancias atoradas en mi vida… ¡y voy adelante!…"

Continuará...

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