"Diagnóstico pernicioso:
--¡Estas imágenes no me gustan! Palabras que salieron de la
boca de mi médico gastroenterólogo, ante las horrendas fotos
de colonoscopía.
Yo ya tenía previsto desde una hemorroides hasta el más
grave, el pernicioso, pero su diagnóstico golpeó y dolió como la muerte
esperada de un ser querido después de años de sufrir con él. En ese momento me
concentré en escuchar todas sus elucubraciones, comentarios y recomendaciones
para entender perfectamente mi circunstancia, y poder vislumbrar un pronóstico.
Por todo lo que entendí y recordé, la solución única es la
cirugía, resección de una parte del colon, lugar donde se encuentra el pólipo
tumorado. Realmente eliminar esa parte es curativa, si se encuentra
circundado a ese espacio pero, habría que verlo por medio de la biopsia.
En el inter del diagnóstico y el resultado de la biopsia se
revuelven los pensamientos y emociones, una semana en ascuas, una semana de
pesadillas, de ilusiones que se hacen pedazos, una semana de iras contenidas cuando me pregunto ¿Contra quién? ¿Contra una enfermedad? ¿Contra mi estilo
de vida y culparme? Ni siquiera pude despotricar contra un dios pues soy atea…
no voy a la biblia pero sí recuerdo a mis filósofos: Spinoza, Sartre, Ortega y
Gasset y concluyo que “yo soy mi circunstancia y que si no la salvo, la
circunstancia no me salvará a mí”
Paso otra noche de insomnio pensando, acomodando o
sistematizando mi circunstancia y concluyo, al amanecer, que soy una mujer de 73
años, que dentro de mí soy feliz porque he sido congruente con lo que tengo y
puedo, que cuando algo he hecho mal ha sido para dar bienestar a alguien
cercano a mi corazón con agradecimiento o sin él, que no tengo reproches hacia
mí misma y he aceptado mis fallas, mis errores, y debilidades y algunos
arrepentimientos de haber o no haber hecho, que tengo ilusiones y deseos que
quiero cumplir antes de morir. Sí, y son muchos, lo que significa que no debo
morir por un cáncer de intestino, en este momento.
Retomo la teoría bioenergética de Alexander Lowen y reviso mi situación desde mis acciones, decepciones, frustraciones
y me doy cuenta que estoy enojada pues en algunas actividades externas a mí,
siento que subo un cerro de barro mojado donde doy pasos y resbalo y entonces
retomo el impulso para llegar más rápido y quizá me desgasto demasiado. Con
esta observación me doy cuenta que este cáncer es un “Estáte quieta”, que ningún
otro padecimiento me hubiera dado con el mínimo de daño, pues más vale perder
un cacho de tripa que un pierna, ojo, brazo y que me da pretexto para tomar
decisiones y solucionar algunas de las circunstancias atoradas en mi vida… ¡y
voy adelante!…"
Continuará...
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