domingo, 24 de noviembre de 2019

MARVA: ¿CÓMO SE VIVE EL CÁNCER?. XXIII

Y Marva nos sigue compartiendo sus experiencias a medida que avanza en sus terapias para combatir el cáncer...


20 NOVIEMBRE 2019

"Ayer visité al médico oncólogo que me aplicará la quimioterapia. La tercera etapa del tratamiento inicia con una serie de exámenes de laboratorio y gabinete para saber en qué estado está mi organismo y que tan efectiva fue la radiación; en fin, saber que queda de la enfermedad, atacarla y prevenir que salte o de metástasis hacia otro órgano del cuerpo.
En mi haber he pasado por la experiencia ajena de dos tratamientos de esta enfermedad zodiacal, una en mi pequeña hija, a sus 4 años, y otra en mi padre a los 80; las reacciones físicas a los tratamientos han sido difíciles de sobrellevar pero Ella salió ilesa y mi padre salió y tuvo recaída que lo llevó a la muerte dos años más tarde.
Físicamente estoy en mejores condiciones que hace un mes y mentalmente estoy preparada para lo que venga, en la escala que venga recordando mis experiencias ajenas.
No puedo decir que no tengo miedo, y no es solo a las reacciones del tratamiento, también a la perdida nuevamente de mi autonomía, a volver a ser dependiente…
Desde hace dos semanas salgo sola, en taxi, a casa de alguna amiga o a mi consultorio, a la tienda de autoservicio que está a dos cuadras.
He recordado la anécdota que contaban mis hermanos sobre la mamá Ana diciendo que si salía a regar las plantas que crecían en el arriate de la banqueta, no debía soltar la manguera pues corría el riesgo de perderse. Entendí la reticencia de ella a salir pues el temor que da la calle después de un largo encierro es significativo; pero cuando me fui a caminar y a comprar hasta las tiendas que están a más de setecientos metros de mi casa, tuve el tiempo para reflexionar un ¿Qué pasa conmigo?. Comencé por tomar conciencia de lo que me estaba alterando hasta la taquicardia: ¡Me sentí con miedo a la calle!, a no tener ya la capacidad de ver a los lados para atravesar, de que no escuchara el auto que se acercara en el tramo en el que no hay banqueta y se tiene que caminar por el carril de autos; de caerme en algún hoyo o con algún obstáculo que no viera; el miedo actual en Xalapa: de que algún ladrón tomara mi bolso y se echara a correr. Por algunos segundos sentí algo parecido al desamparo con el pensamiento “voy sola, sin alguien que me acompañe, tengo que hacerlo pues nadie lo hace por mi” y en ese momento una voz dentro de mi disco duro dijo “No hay mejor mandado que el que una se hace” recordé a mi madre, su fortaleza de carácter y terquedad… apreté el paso, sonreí y me hice el mandado. Puedo decir que fue una satisfacción infantil pero maravillosa, después de un poco más de tres meses sin salir, solo a mis tres consultas con mis médicos y a la radiación y siempre acompañada y del brazo de alguien.
Durante esta caminata me di cuenta que me preocupa más mi dependencia que la sintomatología por la quimio, y sé por qué: la quimio me va a aporrear pero no a matar: tiene una finalidad y un fin, en seis meses me reconectarán el colon y quedaré como nueva para mis funciones fisiológicas y actividades.
La dependencia es algo que avanza por medio, por crear temores reales y ficticios y que se alimentan hasta con frases suaves y amorosas como “no vayas sola yo te llevo”, “voy contigo no te vayas a caer”, o un “cuidado” cuando hay una banqueta, un obstáculo, y quien nos acompaña nos protege al grado de hacernos dudar de nuestra propia capacidad de ver, valorar y actuar: comenzamos a dudar de nuestro discernimiento y nos aniquila emocional y funcionalmente.
En estos días comentando con una persona sobre este tema y que le toco convivir con varias mujeres viejas, familiares, confirmé este proceso de perder la autonomía y el mismo recordó frases que la familia cuidadora de estas señoras les dicen para protegerlas y las discapacita para enfrentar lo de afuera: "¿Qué haces en la calle sola?", “Déjame prender el calentador no te valla a explotar” "No salgas sola te puedes perder o caer"
No es necesario una enfermedad, con el hecho de envejecer, el sistema social nos discapacita. Ahora sumemos, vieja + enferma = incapaz…
De acuerdo al plan propuesto por el oncólogo, después de los exámenes me colocarán un catéter para pasar la quimio intravenosa durante seis meses: cada 21 días, quizá la reacción fuerte sea los siguientes tres días a la aplicación del tratamiento (así lo tengo visto en los dos casos de experiencia ajena) y los otros 18 espero que pueda yo andar de “china libre”, “pata de perro”, o como diría mi padre; “haciendo de mi persona (él decía cola) un papalote y lo empinaré en cualquier plaza pública”

Continuará...

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