martes, 28 de enero de 2020

MARVA Y SU BOLSA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER XXIV

Marva siguió escribiendo a pesar de la flojeritis que nos da después de las fiestas de fin de año. Ahí va, con toda la valentía y positivismo del mundo. Les compartimos:


"24 de enero

Dos semanas en espera de la tramitología, de lograr conjuntar lo necesario para tres días de hospitalización y la aplicación de quimioterapia.
Dos semanas en las que las circunstancias, impresiones, emociones, y sentimientos cambian, se revuelven, se contradicen, se hacen acompañar a veces voluntaria y la mayoría involuntariamente de miedo, incertidumbre, desilusión, desaliento, de unas ganas de tirar la toalla, de extirpar algunas frases de los discursos de los diferentes médicos con los que he tratado; para construir una realidad alternativa en la que ya no es necesario continuar con el tratamiento
Pero dos circunstancias tiran de mí, me sacan de mi ensimismamiento: Una, que básicamente es un motivo fuerte para pensar en continuar el tratamiento y llegar a su fin hasta lograr la reconexión de mis intestinos: esa es; “La bolsa”.
“La bolsa” de colostomía que traigo pegada en mi abdomen, del lado izquierdo y que requiere de ser aseada de tanto en tanto… ¡Ésta es la maldición Jarocha!
Realmente es una de las cosas que más trabajo me ha costado aceptar, aún en este momento, a seis meses de portarla, no me acabo de conformar. Aunque creo que tendría que agradecerle que de no ser por su molestia ya hubiera dejado el tratamiento, pues físicamente me siento muy bien, y estoy muy bien, ganando peso, y algunos detalles por demás simbólicos, como el crecimiento de cabello negro en mi cabeza, con uno que otro ataque de la resaca de la radioterapia pero que no son mayores que una indigestión que se cura con un “selis” de bicarbonato, limón y agua.
“La bolsa” ese desesperante instrumento de tortura, de las que tengo cinco cajas con 10 bolsas cada una y que cuando las veo desde mi cama las siento crecer y crecer y amenazar con aplastarme. “La bolsa” que algunos días me hace pasar incomodidades, pues temo que me haga flotar como globo, y más en las ocasiones cuando indiscretamente resuena en medio del silencio pues no tengo el control. Otras en las que en el momento menos oportuno, hay que substituirla por una nueva, y requiere de ciertas condiciones de espacios para toda la parafernalia, haciendo que regrese a casa, que abandone el evento, que me pierda de alguna fiesta.
La otra cosa que me obliga a continuar es un pensamiento y decisión tomada desde hace mucho tiempo, mi terquedad de vivir “hasta los 94 y más allá” y vivir con calidad y no con “La bolsa”
“La bolsa” ha sido el depósito, además de lo que debe contener, de mi descontento, de mi frustración, de mi dolor ante la enfermedad, de mi vergüenza, de mis temores, de mi impotencia, de todos los sentimientos y sensaciones desagradables que el vivir con un cáncer implica y puede desestabilizar, todos esos sentimientos que si bien en mi circunstancia se la achaco y aviento a “La bolsa” y que cualquier persona con un cáncer vive desde el fondo del alma. Esto me hace pensar que muchas personas que lidian con esta enfermedad no tienen en donde depositar todo esto, pues no tienen “La bolsa” en la cual meter todo el resentimiento que la enfermedad causa".

Continuará...




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