viernes, 14 de febrero de 2020

MARVA: LA ENFERMEDAD Y LA FAMILIA

Nuestra querida Marva, en proceso de curación de cáncer, no deja de reflexionar sobre la vida, las vivencias, las controversias. Un ejemplo de mente clara, creadora que queremos compartir con las personas que nos siguen. Estamos orgullosas de considerarla nuestra amiga.

Aquí su última reflexión en la que nos amenaza con "Continuará...":

13 de febrero 2020


"Información que les comento nada más porque lo escribí en un rato de insomnio y elucubraciones, porque es bueno y útil saberlo… Cuando hay en la familia una circunstancia que la amenaza, ésa se aglutina o se tambalea, a tal grado, que se puede quebrar la relación entre las personas que la integran, aún desquiciar a una persona en particular para convertirla en “chivo expiatorio” o distractor, empeorando las circunstancias o mitigándolas según sea útil. En mi experiencia profesional puedo decir que pocas son las familias que se alían positivamente ante estas circunstancias y mejoran relaciones entre sus integrantes; unas lo hacen heroicamente para resolver la situación en ese momento; pocas para el resto de su existencia. Es más frecuente que se rompan las relaciones y se den separaciones entre los miembros de la familia con amenaza de pérdida o después del deceso del familiar enfermo.
Vivir con alguien que “tiene una pata en la tumba”, propicia que cada integrante destape su propia “Caja de Pandora” donde se guardaron todas las situaciones y conflictos no resueltos con la persona enferma, a más de situaciones pasadas personales o de conjunto: resentimientos, enojos y odios, amores y frustraciones, culpas, cuentas pendientes de te debo y me debes, desilusiones y expectativas que ahora estarán en riesgo de no cumplirse. De igual forma que se sacude el mundo de la persona enferma se sacude el del resto de la familia de manera conjunta y/o personal. Cada integrante reacciona con su propio bagaje emocional y su habilidad de enfrentamiento a las situaciones de riesgo: personales y de grupo. Es importante reconocer las habilidades, cualidades y posibilidades propias y de cada quien para no sentirse culpable o convertirse en culpador, para no ejercer el acaparamiento de la persona enferma, con detrimento de su propio descanso y paz, la de las otras personas integrantes y aun del enfermo o enferma. Situación que se agrava cuando por los miedos, el desconocimiento y apegos que hacen que la persona enferma se vuelva dependiente y sufra pero no tome decisiones propias, se aguanta “por no dar molestias”.
Con el estudio y comprensión de las enfermedades psicosomáticas donde se propone tomar en cuenta al ser humano como un ser holístico e integral: mente – cuerpo y entorno, los aspectos emocionales y relacionales toman gran importancia ya que mueven todos los sistemas corporales y pueden llegar a ser un porcentaje considerable de la curación de una enfermedad o de acabar de meter la pata y el resto, en la tumba.
Es importante que tanto la persona con el padecimiento, como la familia estén enteradas del proceso biológico, fisiológico, patológico y pronóstico de la enfermedad, pues es lo que da seguridad y confianza personal y grupal, de lo que se está haciendo; igualmente importante es el entorno emocional que la familia crea y que al tener este conocimiento tendrá alternativas más sanas.
Hace treinta años cuando yo daba consulta médica o apoyaba a mi marido en la cirugía y algunas consultas, nos era incómodo ver que una persona enferma llegaba con cuatro o cinco más y todas querían estar dentro del consultorio. Mis estudios de Terapia Familiar Sistémica me hicieron caer en cuenta de que entre más personas estén enteradas y bien informadas del problema y tratamiento más fácil será seguir las indicaciones, cuidar la administración de los medicamentos y repartir el quehacer para el cuidado de la persona enferma, solventar los problemas interpersonales y crear un mejor contexto para ella y toda la familia, así como brindarse mayor apoyo entre ellos.
En ocasiones escuchamos a personas que solo han tomado los eslóganes de campañas de falso crecimiento personal impartidos por los ahora llamados “coaching”, decirle a una persona en muy malas condiciones de salud “échale ganas” “piensa positivo” “tus decretos te van a dar salud” ¡No saben cuan culpadoras son estas frases! La enferma puede pensar que no está haciendo un esfuerzo realmente, aunque esté en fase medicamente terminal y cualquier intento de mejoría a través de decretos sea en vano. Aunque doloroso, sería más útil un “Ahaha… conque agonizando” pues pondría en la realidad a la persona y a la familia para que se externara abiertamente y se hicieran los movimientos y ejercicios paliativos necesarios para un buen vivir por el tiempo que sea o un buen morir mañana.
Ahora con mi enfermedad mi familia ha estado a mi cuidado y apoyo: mis dos hijos e hija, mi nieta y mi nieto adentro del consultorio de mis médicos, al menos en la primera consulta; Cada quien cuestiona y resuelve sus dudas. Mis médicos han sido maravillosamente comprensivos y conocedores de la importancia del apoyo familiar para la mejor solución de la enfermedad: sea el proceso de curación o el de desprendimiento, desapego y despedida poco a poco de la vida, para la persona enferma y para la familia.
Aprender a “estar” sin manipular o chantajear a la enferma o uno a otros entre los integrantes; por intereses personales; por “la caja de Pandora” que se abrió y requiere de pretexto para vaciarse o por querer egoísta, culposa o religiosamente tener al enfermo o enferma presente aunque esté sufriendo, ¡no es cosa fácil!.
La familia y el o la paciente tienen que hablar, escucharse, llorar, discutir y acordar soluciones en las que equitativamente intervengan; plantear sus percepciones personales acerca de la enfermedad y el o la que está mal lanzar un vistazo a lo que pueda venir. El ideal es que puedan externar sus propios sentimientos y emociones sin ser juzgados por el resto de la familia, y que cada quien encuentre apoyo en las demás personas que integran la red de sostén de quien tiene la enfermedad y de ellas y ellos mismos.
El manejo del grupo familiar en riesgo de una muerte, es complicado, por eso vemos con frecuencia que al morir el o la progenitora que ha sido central en el sistema, las familias “unidas, amistosas y cordiales” se desintegran y cada quien sigue su camino con su nuevo grupo familiar sin tener contacto con el resto de lo que fuera la gran familia.

Continuará..

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