MARVA, 16 DE ABRIL 2020
"El sonido de una
podadora manual llamó mi atención; estaba muy cerca, en el jardín de mi hijo
que colinda con el de nuestra casa. Poco a poco el aroma del pasto cortado
llegó hasta la cocina donde yo preparaba, con mi nieto, algo de almorzar, varias
voces se acercaron y salimos a ver quiénes eran: mi hijo y un jardinero me
saludaron de lejos y me pidió mi hijo que le diera indicaciones de cómo quería
que arreglara el pequeño jardín.
Comenzaron a cortar algunas plantas muy altas que crecieron sin invitación ni permiso y ,además, sin oficio ni beneficio: a medida que podaban, el jardín se iluminaba... Volví a ver la tierra del piso y las pequeñas matas del pasto que aún quedan. Entre todo esto, varias plantas de jinicuil se erguían tiernas y temblorosas; le pedí que las rescatara y las colocó en macetas, igual algunas plantas de fresa.
A medida que la poda adelantaba, la luz iluminaba más ese pequeño jardín; pedí al joven que siguiera cortando ramas; el espacio se despejó, el sol entró hasta la tierra, el tallo del aguacate pareció erguirse, el follaje del mandarino reverdeció con todo sus matices, la planta del paraíso se llenó de aves, el agapanto se relajó, pues ya no tiene que estirarse para tomar el sol, el crotón lució más amarillo que nunca ,y más bello con su nuevo corte, dejando ver las tímidas flores de la azalea rosa, que crece junto a él; un filodendro con sus grandísimas hojas dejó al descubierto el pasto japonés muy peinado a pesar de todo. Acicaladas las matas del lirio de mayo, espero que nos obsequien flores muy pronto, también pusieron en línea el seto que con varios años de olvido había engordado. Un suave viento hizo presencia: desde dentro de la casa lo veo balancear las ramas de los árboles y lo siento en el aroma del acuyo que entra por las rendijas de la puerta frente a la que estoy sentada.
Comenzaron a cortar algunas plantas muy altas que crecieron sin invitación ni permiso y ,además, sin oficio ni beneficio: a medida que podaban, el jardín se iluminaba... Volví a ver la tierra del piso y las pequeñas matas del pasto que aún quedan. Entre todo esto, varias plantas de jinicuil se erguían tiernas y temblorosas; le pedí que las rescatara y las colocó en macetas, igual algunas plantas de fresa.
A medida que la poda adelantaba, la luz iluminaba más ese pequeño jardín; pedí al joven que siguiera cortando ramas; el espacio se despejó, el sol entró hasta la tierra, el tallo del aguacate pareció erguirse, el follaje del mandarino reverdeció con todo sus matices, la planta del paraíso se llenó de aves, el agapanto se relajó, pues ya no tiene que estirarse para tomar el sol, el crotón lució más amarillo que nunca ,y más bello con su nuevo corte, dejando ver las tímidas flores de la azalea rosa, que crece junto a él; un filodendro con sus grandísimas hojas dejó al descubierto el pasto japonés muy peinado a pesar de todo. Acicaladas las matas del lirio de mayo, espero que nos obsequien flores muy pronto, también pusieron en línea el seto que con varios años de olvido había engordado. Un suave viento hizo presencia: desde dentro de la casa lo veo balancear las ramas de los árboles y lo siento en el aroma del acuyo que entra por las rendijas de la puerta frente a la que estoy sentada.
Cerca de la tres de la tarde, apoltronada en un cómodo sillón de la sala detrás
del vidrio del ventanal: por esto de la sana distancia y mis circunstancias,
desde donde a veces a señas nos entendimos el jardinero y yo, y sintiéndome
como gato en tarde de lluvia, ¡Realmente comenzó a llover! El joven recogió sus
bártulos, acabó de limpiar y se despidió. Una sensación comenzó a invadirme con
la imagen del jardín, ¡Solo! con el temblor de las hojas golpeadas por la
lluvia y esa especie de neblina que da la profusión de gotas cayendo; sentí su
abandono y nostalgia que pasó a un ¡Ahora somos tu y yo! con una mezcla de
satisfacción, admiración, buena expectativa, quizá ilusión, acompañadas de esa
alegría que sientes, que sale desde las entrañas y sube entre pecho y espalda
para llegar al cuello y emitir un ¡¡¡Sí!! ¡¡¡¡Que requete bonito esta mi
jardín!!!!.
Desde antier esa sensación no me abandona y cuando la quiero reforzar salgo al jardín, muevo algunas hojas, cambio de lugar una maceta y retomo la sensación de felicidad que puede dar un jardín de 24 metros cuadrados…”en tiempos de coronavirus”
Desde antier esa sensación no me abandona y cuando la quiero reforzar salgo al jardín, muevo algunas hojas, cambio de lugar una maceta y retomo la sensación de felicidad que puede dar un jardín de 24 metros cuadrados…”en tiempos de coronavirus”
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