15 de junio 2020
"Ayer por la tarde me fue aplicada la última dosis de antineoplásicos por
vía venosa. Algunos días antes me asaltó la incertidumbre y temor como cuando
me pusieron la primera dosis: fue extraño y me di cuenta de que mis
reacciones eran meramente emocionales y dejaban de lado lo racional puesto que
el médico que me atiende ahora, de forma particular, pues no está en la
plantilla de médicos oncólogos que ponen quimioterapia en el sistema de salud
donde estoy afiliada, aunque si está como cirujano y fue quien me operó, me
quitó el tumor con ganglios y una parte del colon que substituyó con la
Bolsorita. Médico reconocido en el medio por su acertada y bien calificada
calidad de práctica que tiene toda mi confianza; sin embargo la
sensación de temor se presentó en algunos momentos. Ayudó a que se disipara la
presencia de este, mi médico, y de Jeymi, enfermera oncológica que me aplicaría la
medicación, vigilaría y cuidaría durante cinco horas con la supervisión del
Dr. Una mujer de figura acogedora, ojos sonrientes que se asoman sobre el
espeso cubrebocas, y una actitud reforzadora, alegre, conocedora de su
quehacer. Será el estado de ánimo al saber que estaba terminando con una etapa
del tratamiento y que Jeymi reforzó al enterarse que era la última quimio de una
serie de seis con un 'qué bueno que a mí me toco su graduación'. Será el tipo y
calidad del cóctel de pre medicación que me puso, pues aunque los protocolos
de aplicación de los antineoplásicos son los mismos, las variaciones que
acompañan al protocolo son de acuerdo al criterio y experiencias del médico
tratante. Será que tuve que aferrarme a la idea de que esta alternativa era la
mejor que podría encontrar en Xalapa y sus alrededores; O quizás el sereno de la
tarde noche de mi “graduación” pero está siendo tan diferente la forma en la
que mi organismo reacciona que he decidido vigilarme estrechamente para
saber por qué.
Anoche hice una lista de mis síntomas, la que le comenté a mí nuevo médico quimio terapeuta y a la enfermera. En el recuento me di cuenta de que no son pocos, parece descripción de libro mencionando los efectos colaterales, pero que quizá la intensidad ha sido mínima y con presencia esporádica o alternada, (al menos no han sido montoneros): Complejo mano/ pie con manchas obscuras, adormecimiento y reacción al frío con dolor, descamación de la piel ( éste es el síntoma constante); Constipación o diarrea, dolor abdominal (dificultades con Bolsorita), irritación vesical que se traduce en incontinencia o dolor. Dolores de algunas articulaciones principalmente la cadera, pérdida de la percepción del sabor de los alimentos, dificultad para enfocar cuando cambio de objetivo y veo por unos segundos las dos imágenes al mismo tiempo (bizco pa’ fuera); descontrol del sentido de ubicación (ontoy); olvidos de nombres o algo que acabo de hacer o tengo que hacer, no es grave pues el consejo de Mamá Ana es efectivo “ regrésate en lo andado y recordaras”. Como no han sido de gran intensidad ni duración, los he soportado bien, desde luego algunos con un poco de miedo, otros con enojo, algunos con incertidumbre pero siempre buscando el apoyo científico que me diga que es una reacción al medicamento o deslindar si es mi deterioro personal por la edad para ir viendo que más le pongo a mi carta de “Voluntad anticipada”.
He valorado la terapéutica desde dos puntos importantes, uno ortodoxo, curamos la enfermedad, los medicamentos dan síntomas no deseados; si son soportables, los dejamos circular sin meter más medicación al cuerpo que ya está siendo agredido por los químicos curativos tóxicos, mientras que la medicina resolvedora y aún paliativa trata de eliminar cualquier síntoma que se presente para lograr el bienestar del paciente, agregando medicamentos que ayudan a mejorar el estado general: desde lo físico hasta lo emocional con medicación bien planeada. Desde las dos líneas terapéuticas el decir de mi viejo medico (viejo por ser anterior y viejo porque éramos de la misma talla) y mi médico actual y su enfermera cumplen con la frase “Tenemos que cuidarla por la enfermedad y por la edad” y ya ni modo, yo me dejo…"
Anoche hice una lista de mis síntomas, la que le comenté a mí nuevo médico quimio terapeuta y a la enfermera. En el recuento me di cuenta de que no son pocos, parece descripción de libro mencionando los efectos colaterales, pero que quizá la intensidad ha sido mínima y con presencia esporádica o alternada, (al menos no han sido montoneros): Complejo mano/ pie con manchas obscuras, adormecimiento y reacción al frío con dolor, descamación de la piel ( éste es el síntoma constante); Constipación o diarrea, dolor abdominal (dificultades con Bolsorita), irritación vesical que se traduce en incontinencia o dolor. Dolores de algunas articulaciones principalmente la cadera, pérdida de la percepción del sabor de los alimentos, dificultad para enfocar cuando cambio de objetivo y veo por unos segundos las dos imágenes al mismo tiempo (bizco pa’ fuera); descontrol del sentido de ubicación (ontoy); olvidos de nombres o algo que acabo de hacer o tengo que hacer, no es grave pues el consejo de Mamá Ana es efectivo “ regrésate en lo andado y recordaras”. Como no han sido de gran intensidad ni duración, los he soportado bien, desde luego algunos con un poco de miedo, otros con enojo, algunos con incertidumbre pero siempre buscando el apoyo científico que me diga que es una reacción al medicamento o deslindar si es mi deterioro personal por la edad para ir viendo que más le pongo a mi carta de “Voluntad anticipada”.
He valorado la terapéutica desde dos puntos importantes, uno ortodoxo, curamos la enfermedad, los medicamentos dan síntomas no deseados; si son soportables, los dejamos circular sin meter más medicación al cuerpo que ya está siendo agredido por los químicos curativos tóxicos, mientras que la medicina resolvedora y aún paliativa trata de eliminar cualquier síntoma que se presente para lograr el bienestar del paciente, agregando medicamentos que ayudan a mejorar el estado general: desde lo físico hasta lo emocional con medicación bien planeada. Desde las dos líneas terapéuticas el decir de mi viejo medico (viejo por ser anterior y viejo porque éramos de la misma talla) y mi médico actual y su enfermera cumplen con la frase “Tenemos que cuidarla por la enfermedad y por la edad” y ya ni modo, yo me dejo…"
Continuará...
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