En algún momento, en este blog de VIDAM, les hemos contado de nuestro proyecto madre de "Vivir juntas". Hoy les platicamos de un pequeño avance en ese sentido, que se dio de una manera casual y espontánea, pero que prueba que ese plan no es tan descabellado y que sí se puede.
8 de febrero 2020
Hace una
semana que mi amiga vive conmigo. Yo soy
ya viejilla, de esas que ahora llaman personas adultas mayores, y ella tiene 37
años. La verdad, ha sido muy fácil.
Ya
habíamos compartido la misma recámara en una que otra ocasión. La última fue la
pasada Navidad que se quedó a dormir para que no regresara tan tarde a su casa
que queda lejos. Aún tenía casa que compartía con su pareja, pero esa relación
terminó y la invité a quedarse conmigo mientras se aclaraba el panorama
sentimental y laboral de su vida.
Poco ha
estado en casa; regresa a su antiguo hogar para empacar, ordenar y trasladar
sus pertenecías, poco a poco. Ya empezó a dar sus clases, de manera que solo
compartimos desayunos y cenas. Bueno, yo la acompaño con un café, porque como
yo soy muy diurna y me levanto de madrugada, cuando ella despierta mi desayuno
está en mis pies. Le hago compañía con un café mientras ella toma su primer
alimento del día. Igual en la cena. Ella llega tarde y yo, con costumbres o
manías de viejilla, ya he merendado horas antes. Ahí platicamos y yo no tomo
café ni nada.
Mañana y
tarde, eso sí, la lengua no para. Somos ambas extrovertidas y nos compartimos
vivencias y experiencias de cada día. Reflexionamos, sacamos conclusiones y
arreglamos el mundo todos los días.
No siento
ninguna diferencia entre nosotras. Ella es muy madura y reflexiva para su edad
yo, creo, me he vuelto serena, tranquila. Afortunadamente he ido dejando atrás
las neurosis y ataques de pánico que siempre me caracterizaron. La vejez me ha
dado templanza y “valemadrismo”.
En fin,
que esta primera semana ha sido de convivencia sana y muy agradable. Dormimos
en la misma recámara, una cama frente a otra. Ella lee o trabaja hasta tarde en
su lap top. Yo leo un rato, me pongo antifaz y tapones en los oídos, digo
buenas noches y paso al mundo de los sueños. Abro el ojo de madrugada, totalmente
descansada. Me levanto despacio, trato de no hacer ruido pues son, quizás, las
cuatro y media o cinco de la mañana. Salgo de la habitación con todos mis
bártulos, dientes postizos, bata y mi tableta para seguir leyendo mi novela,
mientras ella despierta. Corto papaya que ella aborrece para mi desayuno; para
ella piña o melón, y dejo todo listo para su primr alimento del dia. Me
complace hacer esto por ella, pues siempre anda a la carrera mientras yo paso
el día muy sentadota sin nada que hacer.
Nila y
Mau, mis dos gatos gemelos, ya se han acostumbrado a su presencia y ella a los dos
peludos. Nila le tiene admiración. Ambos la persiguen y olfatean sus maletas y
cajas. Se llevan bien los tres y eso me da gusto. El problema son sus pelillos
blancos que todo han inundado, pero lo solucionamos con uno de esos rodillos
quita pelos.
Creo que
ya formamos una linda familia de dos mujeres y dos gatos.
Domingo 16 de febrero, en la noche
Regresó agotada,
física y anímicamente de tanto empacar, de volver a platicar con el ex novio,
de ver injusticias. Tiene miedo a enfrentar ese futuro incierto, de si la beca
es segura o no, de cuánto tiempo tendrá que vivir aquí, de cuándo podrá
independizarse. Ha estudiado mucho, recapacitado. ¡Ella vale tanto!! Y no se da
realmente cuenta. Le han salido cosas mal, como esa relación amorosa de 8 años,
y ahora se le ha venido el mundo encima… Yo, que ya cargo mis años, sé muy bien
que ese mundo nunca cae, y que se van encontrando soluciones. Traté de
tranquilizarla y espero haberlo logrado… pero necesita descansar y lo malo es
que no tiene tiempo.
17 de febrero 2020
Dejé a mi
amiga sola en casa, porque tenía yo compromisos. De todas formas, le sirvió
para adelantar en sus estudios y trámites.
Ya la siento totalmente como de la familia. Hasta ahora no hemos tenido
ningún tipo de problema y espero que ella se esté sintiendo bien. Después de
todo ella es la invitada y yo soy la que está en mi casa como pez en el agua.
Seguimos comentando, en las noches, cómo nos ha ido durante la jornada. Y en
las mañanas, mientras ella desayuna, siempre hay algo de qué platicar. Me
siento muy acompañada y contenta.
25 de febrero 2020
Mi amiga está
más tranquila. Creo que ya se siente en casa, tiene más confianza. Se empeña en
barrer la casa, en restregar pisos para que yo no me agache por eso del dolor
de cintura. Ayer fuimos juntas al súper … Ella es de las que observan las
etiquetas de los productos con minuciosidad, cotejan precios. Yo soy atarantada
y no hago nada de eso… por tanto, mientras ella observaba, yo esperaba y sí,
estuve un tanto impaciente. Normal. Eso me ha pasado toda la vida.
Han sido
dos días de fin de semana, más dos feriados de Carnaval, lo que nos permitió
relajarnos, descansar (ella, pues yo no hago nada y no estoy cansada). Vimos
pelis y series de Netflix y lo disfrutamos bastante.
Los gatos
ya muy a gusto con ella. Sobre todo, Nila que se le sienta encima y la mira con
sus ojos de “cabrito degollao”, como diría mi madre…y que yo sé que es mirada
con la que ordena: “¡Ráscame la panza!”.
Mañana, miércoles 26
Empiezan
las actividades y el corre, corre de mi amiga. Es muy cumplida, puntual,
responsable. Esas cualidades son las que hacen, entre otras, congeniar en filosofías
de vida y que nos llevemos tan bien.
Me siento
a gusto con ella. Acompañada y comprendida. A veces me regaña, ¡mocosa de 37 años!
En otras ocasiones soy yo quien le llama la atención y la cuadro…Como es
lógico, pues podría ser su abuela.
Domingo 4 de marzo 2020
No se oye
ni un ruido. Mi amiga trabajando en su computadora en la mesa de la cocina,
donde ya hay un sitio para ella desde el primer día, para comer, para trabajar
y, mañanas y tardes, conmigo en la otra silla, para platicar.
Yo en mi
escritorio, a unos pasos, en mi computadora. ¡Silencio…mujeres trabajando!
Como
cualquier familia, cada una a sus ocupaciones, calladitas, que interrumpimos de
vez en cuando para decir ¡Salud! Si hubo un estornudo…o para comentar cualquier
cosa de novedad, tanto en su trabajo como en el mío.
Seguimos
conviviendo en muy buena armonía. Ella es una exagerada. En cuanto se genera un
gasto de comida, gas, o lo que sea de la casa, me da su mitad de inmediato.
Para que no se acumule –dice– o por si luego ya no tiene para pagarme…mejor
saldar deudas.
Anoche
platicamos, filosofamos durante una hora, Ella en su cama, frente a la mía… Los
gatos durmiendo sobre mis pernas a ratos, o sobre las de ella. Toda la manada
junta. Tomamos conciencia que fue un rato de vivir el momento, de disfrutarlo,
sin pensar en pasados ni futuros… Ojalá logremos hacer eso minuto a minuto de
cada día y no andar con rencores de ayer o fantasías catastróficas de mañana.
No es fácil, pero lo intentaremos.
6 de marzo 2020
Mi amiga
viaja hoy a una pequeña ciudad de Oaxaca a dar un curso en la Universidad. En
la mañana, temprano, amanece enojada, porque su madre la sigue llamando y no la
deja en paz. Tiene muy mala relación con su madre pero es incapaz de desligarse
de ella, de cortar por lo sano. Yo la escucho, le digo que le voy a cobrar por
hacerlo ya que, finalmente, eso es lo que hacen los psicólogos. Pero también le
hago sugerencias. Esta última fue que cambie de táctica, y en lugar de decirle
a su madre que la deje en paz, empezar ella a atosigarla, mandándole mensajes
continuos a todas horas del día y de la noche… y al final de cada uno ponerle
“Te quiero mucho, mami” … Le da risa, pero le respondo que su táctica de 30
años, de reniegos e intentos de evadir, no le ha resultado, a pesar de los
miles de kilómetros que las separan. Nueva estrategia –le digo– Y le da risa.
Solo espero que me haga caso. En la vida, la mayor parte de las veces,
hay que tener plan B o C, en caso de que el A no funciones, para lidiar con la
gente, sea madre, vecina, alumna o quien sea.
Continuará....
¡¡Muy buena historia!! Un ejemplo de lo posoble de "viviendo juntas"
ResponderBorrar¡Que excelente experiencia!! Creo que si podemos cambiar y tener plan B y C incluso. gracias por compartir y espero la segunda parte.
ResponderBorrarMuy buena historia. Gracias por compartir
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