lunes, 1 de febrero de 2021

CRISTINA NOS CUENTA SU HISTORIA

 Iniciamos hoy una serie de relatos de algunas de nuestras compañeras que gustan de escribir, aunque ya  Marva nos ha ido contando sus experiencias.

Como saben, tenemos un taller de escritura literaria del que han ido surgiendo muy buenas composiciones que ya iremos compartiendo más adelante. Esta clase no tiene docente, sino que entre nosotras mismas (en femenino, porque somos la mayoría, aunque sí nos acompaña un joven. Ya es un señor, pero para nosotras, casi todas de la tercera edad, es el Benjamín del grupo, aunque también colaboran dos jovencitas muy queridas) Si se animan a formar parte de este taller, queridos amigos y amigas, bienvenidos.

Sin más cháchara, aquí está nuestra querida Cristina:


Una vieja hippie

 

No es fácil contar tu vida; hay cosas que duelen mucho y también hay que decirlas. Supongo además que mi vida ha sido como la de muchas mujeres de mi época: los años 60; "rockera", intrépida, psicodélica, rompiendo esquemas y patrones y, de paso, rompiéndote la madre también; y diré la típica frasecita: "Pero no me arrepiento" porque finalmente me fui fiel a mí misma. Muchas de mis amigas y compañeras de ésa época claudicaron y se olvidaron de lo que  representamos los jóvenes de esa década en todo el mundo: Cambios, muchos cambios, especialmente sociales: No más hipocresía, no más religiones que nos manipulen, no al sistema establecido, no a las guerras, no más hacer lo que mandan los padres o el gobierno, no más virginidad, no más casarse por la iglesia. Es más, no más casamientos, vivir libremente y sin culpas, sin desperdiciar nuestra preciosa juventud en grises  oficinas o como asalariados explotados. El cambio estaba en todos lados, en las canciones que cantaban The Beatles, los Rollig Stones, Bob Dylan, Joan Baez, Peter Paul and Mary, The Who, Janis Joplin, The Doors, Jimi Hendrix...En la ropa que vestíamos, las melenas de los jóvenes que tanto indignaron a la “momiza”, en la forma de hablar. No queríamos parecernos en nada a nuestros padres, tan formales y llenos de prejuicios. En  Estados Unidos la onda era irse a vivir en una comuna, donde todo era de todos, sembrando y trabajando la tierra; si querías irte te marchabas y ya, no había compromisos, cada quien hacía lo quería. Esto era demasiado para muchos de nosotros los jóvenes mexicanos, pero decididamente no queríamos vivir la vida como la vivieron nuestros padres: Naces, juegas unos pocos años y luego estudias, estudias, trabajas, trabajas, te emparejas, vienen los hijos, trabajas para ellos hasta que se vayan y punto final,  pero si crees que terminaste prepárate  porque siguen los nietos.

Yo no quería eso para mí, así que decidí hacer las cosas de otra manera. No puedo decir que todo salió bien porque mentiría, pero después de todo hice con mi vida lo que quise;  aún a costa del amor, de la seguridad que representa una pareja, y del rechazo de quienes no estaban de acuerdo conmigo como familia, amigos de infancia, maestros etc.

Nací en el Distrito Federal un 21 de diciembre de 1950, a manos del Doctor que nos trajo a todos los primos, el tio Pepucho Rábago. Mi madre, María Chávez Cigler, y mi padre, a quien conocí 30 años después, Sergio Sánchez Ruiz-Seco, se conocieron en el trabajo, la SCOP, entonces Secretaría. de Comunicaciones y Obras Públicas. Ella, hija de familia porfiriana venida a menos y él galán jarocho, rumbero y conquistador. La de ellos también es la típica historia de amor y calentura que tantos hijos dio a México. Se conocen, se gustan, salen, mi madre se enamora, él no sé si le pasó lo mismo pero bien que supo aprovechar la oportunidad, prometiéndole formalizar su relación se la llevó a lo oscurito y ¡ZAZ!. No se puede decir que fue a fuerza, pues hasta donde sé a mi madre le encantaban las cosquillas y después  descubriría su gran potencial sexual. Todo ocurrió en un viaje que hicieron juntos a Xalapa, ciudad donde ahora resido (las vueltas que da la vida) y a la que llegué hace más de 30 años sin saber que aquí se inició mi historia.  De éste viaje juntos mi madre resultó embarazada (de mí), y mi padre salió para el puerto de Veracruz para cosas de "trabajo", dejándola en espera, sola, en algún lugar de Xalapa. Al ver mi madre que su amado no volvía, decidió ir al puerto en su busca. En aquel entonces la SCOP, tenía albergues por muchas partes de la república para sus trabajadores que pasaban largas temporadas en donde quiera que estuvieran haciendo una carretera. Mi madre supuso que lo encontraría en el albergue del puerto así que se lanzó con todo, pues como había huido literalmente de la casa paterna, no podía regresar así nomás y luego embarazada.

Al llegar al albergue mi madre  se enteró de que mi padre estaba viviendo en su casa de Veracruz con su familia, es decir con su esposa y sus hijos. Me imagino el patatús que le ha de haber dado a la pobre al enterarse de que mi padre le había mentido al decirle que era soltero y que formalizaría con ella.  Tuvo que soportar la vergüenza y el dolor de verse abandonada, una mujer más que "metió la pata" sin pensar en las consecuencias;  así eran las cosas en aquel entonces, sin preservativos, sin pastillas anticonceptivas, sin condones, sin nada...

Mi madre, aunque jariosa, también era muy orgullosa; no se permitió reclamarle y menos rogarle a Sergio, mi padre,  prefiriendo la regañiza paterna. Bajo  juramento prometió no volver a ver  más a mi padre para ser admitida de nuevo en la casa de mis abuelos.

Fue así que vine al mundo, bajo la protección de mis abuelos y con una mami soltera. Por las fotos que veo de cuando yo era bebé, mis abuelos me querían mucho, vivíamos además con otra hermana de mi madre que también había tenido una hija y todos salimos sonrientes en las fotos. Luego murió mi abuelo y nos cambiamos, mi abuela, mi madre y yo a un departamento en Tlalpan. De ese lugar tengo varios recuerdos: mi abuela jugando conmigo bajo las sabanas a que nos escondíamos y muriéndonos de risa, el departamento que estaba en una planta baja y había que pasar por un pasillo muy oscuro para llegar a él, que era grande y espacioso con varias recámaras grandes como las de antes, además vivía más gente con nosotros, una prima de mi madre, el esposo y su hijo. Mi madre se iba a trabajar y mi abuela se quedaba a cargo de mí; todo parecía ir bien hasta que al esposo de la prima le subió la temperatura con los devaneos de mi madre y como esta no sabía decir que no, pues que se arma el follón y va pa' fuera mi madre con todo y crio de 5 años y amante.  

Continuará...

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