Iniciamos hoy una serie de relatos de algunas de nuestras compañeras que gustan de escribir, aunque ya Marva nos ha ido contando sus experiencias.
Como saben, tenemos un taller de escritura literaria del que han ido surgiendo muy buenas composiciones que ya iremos compartiendo más adelante. Esta clase no tiene docente, sino que entre nosotras mismas (en femenino, porque somos la mayoría, aunque sí nos acompaña un joven. Ya es un señor, pero para nosotras, casi todas de la tercera edad, es el Benjamín del grupo, aunque también colaboran dos jovencitas muy queridas) Si se animan a formar parte de este taller, queridos amigos y amigas, bienvenidos.
Sin más cháchara, aquí está nuestra querida Cristina:
Una vieja hippie
No es fácil contar tu vida; hay cosas que duelen
mucho y también hay que decirlas. Supongo además que mi vida ha sido como la de
muchas mujeres de mi época: los años 60; "rockera", intrépida, psicodélica,
rompiendo esquemas y patrones y, de paso, rompiéndote la madre también; y diré
la típica frasecita: "Pero no me arrepiento" porque finalmente me fui
fiel a mí misma. Muchas de mis amigas y compañeras de ésa época claudicaron y
se olvidaron de lo que representamos los
jóvenes de esa década en todo el mundo: Cambios, muchos cambios, especialmente
sociales: No más hipocresía, no más religiones que nos manipulen, no al sistema
establecido, no a las guerras, no más hacer lo que mandan los padres o el
gobierno, no más virginidad, no más casarse por la iglesia. Es más, no más casamientos,
vivir libremente y sin culpas, sin desperdiciar nuestra preciosa juventud en
grises oficinas o como asalariados
explotados. El cambio estaba en todos lados, en las canciones que cantaban The
Beatles, los Rollig Stones, Bob Dylan, Joan Baez, Peter Paul and Mary, The Who,
Janis Joplin, The Doors, Jimi Hendrix...En la ropa que vestíamos, las melenas
de los jóvenes que tanto indignaron a la “momiza”, en la forma de hablar. No
queríamos parecernos en nada a nuestros padres, tan formales y llenos de
prejuicios. En Estados Unidos la onda
era irse a vivir en una comuna, donde todo era de todos, sembrando y trabajando
la tierra; si querías irte te marchabas y ya, no había compromisos, cada quien
hacía lo quería. Esto era demasiado para muchos de nosotros los jóvenes
mexicanos, pero decididamente no queríamos vivir la vida como la vivieron
nuestros padres: Naces, juegas unos pocos años y luego estudias, estudias,
trabajas, trabajas, te emparejas, vienen los hijos, trabajas para ellos hasta
que se vayan y punto final, pero si
crees que terminaste prepárate porque
siguen los nietos.
Yo no quería eso para mí, así que decidí hacer
las cosas de otra manera. No puedo decir que todo salió bien porque mentiría,
pero después de todo hice con mi vida lo que quise; aún a costa del amor, de la seguridad que
representa una pareja, y del rechazo de quienes no estaban de acuerdo conmigo
como familia, amigos de infancia, maestros etc.
Nací en el Distrito Federal un 21 de diciembre de
1950, a manos del Doctor que nos trajo a todos los primos, el tio Pepucho Rábago.
Mi madre, María Chávez Cigler, y mi padre, a quien conocí 30 años después,
Sergio Sánchez Ruiz-Seco, se conocieron en el trabajo, la SCOP, entonces
Secretaría. de Comunicaciones y Obras Públicas. Ella, hija de familia
porfiriana venida a menos y él galán jarocho, rumbero y conquistador. La de
ellos también es la típica historia de amor y calentura que tantos hijos dio a
México. Se conocen, se gustan, salen, mi madre se enamora, él no sé si le pasó
lo mismo pero bien que supo aprovechar la oportunidad, prometiéndole formalizar
su relación se la llevó a lo oscurito y ¡ZAZ!. No se puede decir que fue a
fuerza, pues hasta donde sé a mi madre le encantaban las cosquillas y después descubriría su gran potencial sexual. Todo
ocurrió en un viaje que hicieron juntos a Xalapa, ciudad donde ahora resido
(las vueltas que da la vida) y a la que llegué hace más de 30 años sin saber
que aquí se inició mi historia. De éste
viaje juntos mi madre resultó embarazada (de mí), y mi padre salió para el
puerto de Veracruz para cosas de "trabajo", dejándola en espera,
sola, en algún lugar de Xalapa. Al ver mi madre que su amado no volvía, decidió
ir al puerto en su busca. En aquel entonces la SCOP, tenía albergues por muchas
partes de la república para sus trabajadores que pasaban largas temporadas en
donde quiera que estuvieran haciendo una carretera. Mi madre supuso que lo
encontraría en el albergue del puerto así que se lanzó con todo, pues como
había huido literalmente de la casa paterna, no podía regresar así nomás y
luego embarazada.
Al llegar al albergue mi madre se enteró de que mi padre estaba viviendo en
su casa de Veracruz con su familia, es decir con su esposa y sus hijos. Me
imagino el patatús que le ha de haber dado a la pobre al enterarse de que mi
padre le había mentido al decirle que era soltero y que formalizaría con ella. Tuvo que soportar la vergüenza y el dolor de
verse abandonada, una mujer más que "metió la pata" sin pensar en las
consecuencias; así eran las cosas en
aquel entonces, sin preservativos, sin pastillas anticonceptivas, sin condones,
sin nada...
Mi madre, aunque jariosa, también era muy
orgullosa; no se permitió reclamarle y menos rogarle a Sergio, mi padre, prefiriendo la regañiza paterna. Bajo juramento prometió no volver a ver más a mi padre para ser admitida de nuevo en
la casa de mis abuelos.
Fue así que vine al mundo, bajo la protección de
mis abuelos y con una mami soltera. Por las fotos que veo de cuando yo era bebé,
mis abuelos me querían mucho, vivíamos además con otra hermana de mi madre que
también había tenido una hija y todos salimos sonrientes en las fotos. Luego
murió mi abuelo y nos cambiamos, mi abuela, mi madre y yo a un departamento en
Tlalpan. De ese lugar tengo varios recuerdos: mi abuela jugando conmigo bajo
las sabanas a que nos escondíamos y muriéndonos de risa, el departamento que estaba
en una planta baja y había que pasar por un pasillo muy oscuro para llegar a
él, que era grande y espacioso con varias recámaras grandes como las de antes,
además vivía más gente con nosotros, una prima de mi madre, el esposo y su
hijo. Mi madre se iba a trabajar y mi abuela se quedaba a cargo de mí; todo
parecía ir bien hasta que al esposo de la prima le subió la temperatura con los
devaneos de mi madre y como esta no sabía decir que no, pues que se arma el
follón y va pa' fuera mi madre con todo y crio de 5 años y amante.
Continuará...
Ya te comence a leer Cristy
ResponderBorrarExcelente! Cristy..
ResponderBorrarInteresante historia y reflexión... gracias por compartirla
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