María es amiga de VIDAM y nuestra gran colaboradora en la producción y presentacuón del programa radiofóinico D'CANAS. Aquí un artículo suyo que refleja nuestrio sentir colectivo:
Septiembre 12, 2021
Hoy en nuestra sección de #NosotrasOpinamos les compartimos lo siguiente, escrito por María C. Sánchez, integrante del Consejo Consultivo de la Instancia de las Mujeres (San Luis Potosí)
MUJERES MAYORES Y FEMINISMO
Tengo la suerte de ser vieja. Condición de la que me di cuenta hace poco. Quienes tenemos más de 60 años somos viejas, rucas, veteranas, para qué buscar otros nombres y para qué aparentar otra cosa. Pero también somos pioneras. Somos las mismas que luchamos y conseguimos regular la concepción, el divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual. Las sesentonas fuimos quienes salimos como colectividad a incorporarnos al trabajo fuera de casa: la oficina, la escuela, el hospital, el museo y además seguimos cuidando casa, marido, hijos, alimentándolos, llevándolos a la escuela.
El feminismo aún sin nombre para muchas de nosotras fortalecía y orientaba nuestro esfuerzo. Reconocimos en las palabras de Martha Lamas, en la lectura de Fem y la formación de espacios de mujeres campos de aspiración que explicaban y daban sentido a nuestras inquietudes.
Nuestra vida productiva de trabajadoras y madres se llenó de espacios rutinarios, de vivencias similares, de explicaciones corrientes mientras que abríamos territorios individuales y comunes de libertad. Y, así nos llegó la vejez y vuelve el feminismo a tomar toda su fuerza en nuestra vida porque tenemos tiempo de ver para atrás, porque queremos dar sentido, explicación a años de vida, porque ahora, viejas, otra vez estamos contra los lugares tradicionales que revisten a la ancianidad, la estigmatizan, invisibilizan y anulan la vida y la voluntad particular de cada persona mayor y, como antes, nos quieren quietas, calladas, hundidas en un sillón. Todas cabemos en el estereotipo de la abuelita de Piolín.
Ya pasamos el umbral de la atracción sexual, de la aportación al trabajo y de los estereotipos comerciales que exaltan la juventud, ahora hay que luchar contra la obscuridad. Dejamos de ser la periodista comprometida, la maestra ejemplar, la estupenda investigadora o la buena modista y solo se nos conmina a desaparecer sin hacer ruido, a seguir sirviendo. Somos personas que aportamos a la sociedad y de repente nos borran el pasado, nos quitan el futuro que nos queda.
Otra vez seremos pioneras en ser viejas. Tendemos que recuperar los derechos que se nos niegan, que no están contemplados: libertad, dignidad, justicia. Demostrar que el amor tradicional de los hijos, de los nietos nos quita libertad, como antes nos la quitó el amor romántico. Hay que desmontar a la luz del feminismo todos los mitos sociales que pesan sobre las personas viejas, sobre todo las mujeres. Tener “el control de nuestra vida hasta el último día”.
“Mientras estemos vivas, que respeten nuestros derechos”.
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