martes, 3 de septiembre de 2019

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER. XII

Y seguimos con Marva y sus reflexiones sobre la salud, la enfermedad y el gran deseo de salir adelante. En este caso ¡Sobre los médicos o médicas!... Para nosotras, es una maestra en el arte de vivir la vida plenamente, sin importar  el estado de salud física o mental que tengamos, y un ejemplo a seguir cuando nos toque enfrentarnos a esos profesionales que, en gran parte y para desgracia de las y los pacientes, han olvidado su juramento Hipocrático...

Aquí la tenemos:


"Los peores pacientes

Circula un adagio que dice que los médicos o médicas somos pésimas pacientes; no lo considero tan literalmente, pues quien sabe de medicina tiene visto un panorama probable de su enfermedad, y sí, sus temores pueden tornarle imprudente y demandante, y por lo tanto exigente de las explicaciones necesarias y los cuidados que la persona médica responsable deberá de cumplir. 

Quien en sus estudios y en su educación aprendió los principios éticos es más exigente de la toma de responsabilidades de los y las médicas tratantes; quien por formación humanitaria en la familia y su entorno considera a las personas como humanos, como seres iguales a ella o él, exige la calidez y calidad de parte de la persona encargada de la salud; quien está enferma o enfermo, está en situación de vulnerabilidad y dependencia que las personas de la salud deberían de entender si tuvieran en su bagaje un buen sentido humano y no espíritu de mercader.

Tengo 48 años de haberme recibido como médica, orgullosamente egresada de la UNAM; he seguido en las áreas de la salud física, emocional, social, y hasta espiritual, y el respeto por las personas que se acercan a mí buscando ser atendidas, es prioritario. Es una lástima que en mi andar de cuatro meses entre Galenos, me he encontrado con las faltas desde mínimas hasta mayúsculas, que no las critico por cumplir con el refrán con el que inicio, sino porque son circunstancias garrafales que cualquier ciudadana(o) que se respete reclamaría.

La institución que cubre mis derechos a la salud, pareciera que da orden a sus galenos de no pasar fácilmente con especialistas a las personas enfermas. Tuve que exigir que me enviaran con un gastroenterólogo para mi revisión después de casi un año de tratamientos inefectivos; con la amenaza de hacer una denuncia por negligencia me enviaron con el gastroenterólogo: una belleza de persona, solicitó lo necesario y realizó el diagnóstico. En ese paso me encontré con un médico que realizaría una colonoscopia y que su secretaria/enfermera me diera las indicaciones y consulta previa, en el mostrador del consultorio y que firmara como si el médico me hubiera atendido. Él recibe el pago y debe cargar con la responsabilidad y confianza del paciente; lo conocí el mismo día que él me conoció la cola y la enfermera me tronó tres venas antes de canalizarme una. Los resultados de este examen hicieron que me enviaran a oncología quirúrgica. El cirujano y la cirugía muy bien, en un hospital de altísimo renombre y torres tan altas que aletean en ellas los mismísimos ángeles. Me tronaron otras dos venas con sendos moretones e hinchazón; el anestesiólogo no supo cómo salí de la anestesia, llegué al cuarto aun obnubilada por la anestesia y los sedantes y permanecí así durante casi doce horas. 48 horas después me dieron de alta, después de que logré ingerir algunos alimentos y como dice el dicho “enfermo que come y mea: el diablo que se lo crea” con un drenaje parenteral colgando de la panza. La atención y cuidados de mi nieta Paramédica técnica no le pidieron nada a los que recibí en el hospital. Después me enteré que mi servicio médico no paga más de tres días, así que corren al paciente al primer indicio de “va bien”.

A los once días mi cita con el cirujano para quitar puntos (cuando se deben quitar entre el séptimo y el décimo) casi no se lleva a cabo pues mi cirujano tuvo que salir de la ciudad y olvido la cita. Y voy de nuevo a pelear un derecho. Una médica de guardia de la torre derecha llegó a la torre izquierda y me quitó los puntos y el drenaje.

Ahora la cita es con los oncólogos (dos) que me darán la quimio y la radio, ¿Por qué dos? la súper especialización. Recojo el resultado del examen patológico de la pieza quirúrgica y ¡No soy yo! me cambian de nombre y de edad María Elena de 57 años y en la interpretación escrita hay dos términos contradictorios en la localización de células inflamatorias posiblemente cancerosas. (¿???) Aun la oncoquimioterapeuta cuestionó telefónicamente a la patóloga del afamado hospital. 

El raport con la Dra. es excelente, me agrada su seguridad y eficiencia aclarando las faltas de redacción; ella misma se comunica con el otro especialista y se hace el acuerdo para la quimio y la radio al mismo tiempo. Nos presenta a una enfermera oncológica que le asiste en la aplicación de la quimio.
Hago la cita con el otro oncoradioterapeuta; buen trato, asertividad, da seguridad su discurso y actitud. Me da como fecha tentativa de inicio el día 19 de agosto que ya estén los medicamentos de la quimio para comenzar al mismo tiempo.
Dos días después de la visita a la oncóloga, la secretaria recepcionista me llama para decir que la Dra. olvidó decirnos que la aplicación de la quimio tiene un costo de 2,900 pesos por pago de la enfermera que es quien la aplica. 

Los trámites para solicitar los medicamentos llevan una semana y al fin llegan; hablo con él y la oncóloga y queda la cita para iniciar ambos tratamientos el lunes 19 a las once y a las tres y media de la tarde. 

Hoy 19 de agosto, a las once recibo la radiación y a las tres nos enfilamos para el consultorio de la Dra. Está cerrado, esperamos pues la puntualidad inglesa puede ser que seis minutos antes, no lleguen. Pasadas las tres treinta, hora de la cita, nos comunicamos con la oncóloga y resulta que su enfermera oncológica que es quien aplica la quimio creyó decirme que sería el martes en vez del lunes por mi exigencia de que la Dra. esté presente al menos en mi primer tratamiento. Desde luego que no me lo dijo, pues ya habría repelado por la irresponsabilidad de no ser ella quien aplique el tratamiento; si lo hubiera dicho, sería el segundo motivo de disgusto pues la indicación inicial fue que los dos tratamientos comenzaran el mismo día y un tercer motivo es que mi servicio de salud cubre la aplicación de la quimio y ella la vuelve a cobrar para pagar a su enfermera. 

Y luego dicen que el peor paciente es el médico…


Continuará...

1 comentario:

  1. Uff que calvario!!! Que no podríamos decirle al padecimiento que espere tantito mientras llega el 2024 año en que tendremos servicios médicos como los de Dinamarca según lo prometió AMLO?

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