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| En sesión sobre Adultos Mayores en el Congreso del Estado de Veracruz, el 22 de octubre de 2019 |
16 de octubre:
"No he dejado de
escribir. Pero no lo he publicado pues son los aspectos más difíciles de
manejar dentro del proceso de mi enfermedad; tanto física como emocionalmente.
Hay momentos en los que mi fuerza se quebranta, me duele lo que pasa alrededor, y lo que no pasa; estar inmiscuida en algo y no estarlo; que llueva y no pueda salir, sin tener ni plan ni motivo. Solo me salva de esto el enojo, ese bendito enojo que levanta hasta los muertos, y me llena de fuerza y decisiones.
Es difícil adaptarse a las nuevas circunstancias sobre todo cuando éstas paralizan la actividad que normalmente yo tenía; los cambios son enormes: mi independencia, ahora totalmente perdida, el estado de agotamiento que me dejó como secuela la radioterapia me impide moverme sola, después de caminar un tramo me tiemblan las piernas, pero todo esto es pasajero, a medida que pasan los días va mejorando mi estado físico, ahora a 15 días de terminada la radio inicio mi proceso de autosuficiencia para sentirme un poco libre…
Quiero comentar el proceso emocional de lo que estoy viviendo pues según la opinión de uno de los médicos que yo más considero (mi Gastroenterólogo) es que “superar la colostomía es de lo más difícil de manejar emocionalmente”.
Voy a comenzar por la recuperación de la cirugía que terminó en la colostomía. Ésta fue rápida, a las tres semanas me estaba cortando las uñas de los pies con toda la facilidad habitual y la herida estaba completamente cicatrizada. Las cotidianidades no eran difíciles de llevar, mejorar la cantidad de alimentos, hacer y mantener una rutina de dormir y despertar; encontrar la forma de dormir con una bolsa de implantación circular y rígida en el abdomen, para acostumbrarme a dormir de espaldas o del lado derecho, cuando siempre he dormido boca abajo y hacia ambos lado. Algunas veces llegué a sonreír al darme la vuelta y sentir el tirón del aro de la bolsa en mi piel, como cuando me sentaba descuidadamente con una crinolina de aros y el vestido se levantaba impúdicamente; ahora solo regresaba a la posición anterior y seguía durmiendo.
El cuidado de la herida quirúrgica fue excelente; como lo comenté, a cargo de mi nieta; a los cinco días de salir del hospital fue necesario el cambio de bolsa pues me sorprendió de manera desagradable con una filtración, mi aun encierro por la cirugía ayudó a que esto no pasara a mayores. Algo fue agradable: poder darme un baño de cuerpo entero y pasando el tiempo que me dio la gana bajo la regadera, pues en otro momento tengo que cubrir la bolsa y evitar que se moje lo que impide el disfrute de un baño. Cinco días después y casi en las mismas circunstancias, otro cambio de bolsa. Comienzo a crear mis parámetros: Cambio de bolsa cada cuatro o cinco días. Revisión de la bolsa al cuarto días. Las bolsas que el médico cirujano solicito al hospital que me entregaran al salir ya se me habían terminado y tuvimos que comprar otras, el costo de las bolsas con aro es tan alto que buscamos las más económicas sin llegar a las de pan Bimbo chico como mi nieta propuso pues yo no quería gastar tanto, compramos unas de aro adherible blando ¡Comodísimas! Para dormir al menos. A los 20 días de la colostomía, mis complicaciones disminuían, pero a medida que pasaba el tiempo, la resignación de tener una bolsa de desechos colgada al lado en mi abdomen, no llegaba. El descontrol de mis procesos intestinales fue grande post cirugía, se eliminaron los horarios que yo tenía establecidos cosa que empeoró cuando comenzó la radioterapia y con ella la diarrea por la irritación de la mucosa gastroduodenal, la necesidad de limpiar la bolsa se hizo más frecuente y sí, adquirí destreza, técnica y rapidez para hacerlo pero muchas veces lo hice entre lágrimas de frustración, dolor y enojo. Lo fui aceptando lentamente y con mucho esfuerzo pues realmente cuesta trabajo encontrar positividad en semejante práctica, a no ser por el “Es pasajero” “Es parte del tratamiento y en unos meses te reconectaran” “Es de los males el menor”, “Peor es el cáncer”…
De la ira y la frustración no me he librado del todo pero se han agregado otros sentimientos que he ido diluyendo con buen humor, que es la otra salvación que tenemos los mortales para vivir en paz. La vergüenza: los flatos se dejan oír sin control pues no existe un esfínter que los detenga en el estoma que surte la bolsa, solo me queda aclarar, si es escuchado por otras personas, que es una personal opinión acerca de alguna opinión o discurso tonto, que no falta que se haya dicho en el grupo... o comentar que no se asusten si me elevo…"
Hay momentos en los que mi fuerza se quebranta, me duele lo que pasa alrededor, y lo que no pasa; estar inmiscuida en algo y no estarlo; que llueva y no pueda salir, sin tener ni plan ni motivo. Solo me salva de esto el enojo, ese bendito enojo que levanta hasta los muertos, y me llena de fuerza y decisiones.
Es difícil adaptarse a las nuevas circunstancias sobre todo cuando éstas paralizan la actividad que normalmente yo tenía; los cambios son enormes: mi independencia, ahora totalmente perdida, el estado de agotamiento que me dejó como secuela la radioterapia me impide moverme sola, después de caminar un tramo me tiemblan las piernas, pero todo esto es pasajero, a medida que pasan los días va mejorando mi estado físico, ahora a 15 días de terminada la radio inicio mi proceso de autosuficiencia para sentirme un poco libre…
Quiero comentar el proceso emocional de lo que estoy viviendo pues según la opinión de uno de los médicos que yo más considero (mi Gastroenterólogo) es que “superar la colostomía es de lo más difícil de manejar emocionalmente”.
Voy a comenzar por la recuperación de la cirugía que terminó en la colostomía. Ésta fue rápida, a las tres semanas me estaba cortando las uñas de los pies con toda la facilidad habitual y la herida estaba completamente cicatrizada. Las cotidianidades no eran difíciles de llevar, mejorar la cantidad de alimentos, hacer y mantener una rutina de dormir y despertar; encontrar la forma de dormir con una bolsa de implantación circular y rígida en el abdomen, para acostumbrarme a dormir de espaldas o del lado derecho, cuando siempre he dormido boca abajo y hacia ambos lado. Algunas veces llegué a sonreír al darme la vuelta y sentir el tirón del aro de la bolsa en mi piel, como cuando me sentaba descuidadamente con una crinolina de aros y el vestido se levantaba impúdicamente; ahora solo regresaba a la posición anterior y seguía durmiendo.
El cuidado de la herida quirúrgica fue excelente; como lo comenté, a cargo de mi nieta; a los cinco días de salir del hospital fue necesario el cambio de bolsa pues me sorprendió de manera desagradable con una filtración, mi aun encierro por la cirugía ayudó a que esto no pasara a mayores. Algo fue agradable: poder darme un baño de cuerpo entero y pasando el tiempo que me dio la gana bajo la regadera, pues en otro momento tengo que cubrir la bolsa y evitar que se moje lo que impide el disfrute de un baño. Cinco días después y casi en las mismas circunstancias, otro cambio de bolsa. Comienzo a crear mis parámetros: Cambio de bolsa cada cuatro o cinco días. Revisión de la bolsa al cuarto días. Las bolsas que el médico cirujano solicito al hospital que me entregaran al salir ya se me habían terminado y tuvimos que comprar otras, el costo de las bolsas con aro es tan alto que buscamos las más económicas sin llegar a las de pan Bimbo chico como mi nieta propuso pues yo no quería gastar tanto, compramos unas de aro adherible blando ¡Comodísimas! Para dormir al menos. A los 20 días de la colostomía, mis complicaciones disminuían, pero a medida que pasaba el tiempo, la resignación de tener una bolsa de desechos colgada al lado en mi abdomen, no llegaba. El descontrol de mis procesos intestinales fue grande post cirugía, se eliminaron los horarios que yo tenía establecidos cosa que empeoró cuando comenzó la radioterapia y con ella la diarrea por la irritación de la mucosa gastroduodenal, la necesidad de limpiar la bolsa se hizo más frecuente y sí, adquirí destreza, técnica y rapidez para hacerlo pero muchas veces lo hice entre lágrimas de frustración, dolor y enojo. Lo fui aceptando lentamente y con mucho esfuerzo pues realmente cuesta trabajo encontrar positividad en semejante práctica, a no ser por el “Es pasajero” “Es parte del tratamiento y en unos meses te reconectaran” “Es de los males el menor”, “Peor es el cáncer”…
De la ira y la frustración no me he librado del todo pero se han agregado otros sentimientos que he ido diluyendo con buen humor, que es la otra salvación que tenemos los mortales para vivir en paz. La vergüenza: los flatos se dejan oír sin control pues no existe un esfínter que los detenga en el estoma que surte la bolsa, solo me queda aclarar, si es escuchado por otras personas, que es una personal opinión acerca de alguna opinión o discurso tonto, que no falta que se haya dicho en el grupo... o comentar que no se asusten si me elevo…"
24 de octubre:
"Hace diez días me aventuré a mi primera
salida social, ¡Todo un acontecimiento! Había estado yendo a dar consulta por
una o dos horas y a resguardo de mi espacio laboral, donde además tiene su
departamento uno de mis hijos. Pero me atreví a pasar la tarde con una
entrañable amiga; otra gran amiga pasó por mí y nos fuimos a disfrutar de la
reunión; somos tres, que hemos compartido: vida, ilusiones, esperanzas,
ideologías sociales, luchas por los derechos. La forma de vida cambia y a veces
nos distancia pero seguimos con ese mismo amor y sororidad con la que hemos
vivido los últimos 20 años. El disfrute fue pleno, mis miedos se crecieron y
disminuyeron con la confianza que existe entre nosotras, los ruidos de la bolsa
fueron motivo de risas y anécdotas y hasta recuerdos de alguien querido y con
el mismo problema, la reunión se prolongó cerca de seis horas, con la sorpresa
y pendiente de mi familia.
Esta salida me dio confianza, pero no mucha; tres días después se presentó la
oportunidad de hacer un paseo por “Los lagos” para comer algo y ver los puestos
de vendimias que ahí se ponen; en cuestión de comida no tengo mucho que elegir
pues mi hija y mi nieta son mi freno de mano para lo que puedo o debo y no debo
comer. Esto sí estuvo de tensión total, “a campo traviesa” sin el acogimiento
de un espacio cómodo o seguro, caminando, lento pero caminando, poniendo a
prueba la fuerza de mis piernas aun temblorosas, los ruidos de la bolsa no me
importaban pero si el hecho de que tuviera la necesidad de drenarla… con cansancio
pero satisfactoriamente termino la odisea.
El día 17 me vi en la necesidad de ir al telégrafo central en el Palacio Federal que alberga también el correo pues es ahí donde pagan la Pensión universal y es de “cuerpo presente”, el 16, llovía, fui y me regresé, pues la cola era muy larga y con riesgo de contraer un resfriado y no hay donde guarecerse. Al otro día hacia frio pero estuvo seco, las mismas faltas de respeto a las personas adultas mayores, mal trato, desconsideraciones, una organización pésima, que yo quisiera saber si los padres, madres o aun los mismos empleados “tomadores de decisiones” mayores, como delegado, secretario, directores(as) de programas, envían a sus familiares adultas mayores a hacer estas colas. Mi otra pregunta es si están enterados de que estos apoyos se dan desde hace más de 18 años y desde esa época existe una infraestructura para el reparto digno de las pensiones. En las delegaciones con el resguardo del edificio, las personas mayores podían cobrar si mojarse, ¿no lo saben? O se hacen o son las cachetadas políticas que en las altas esferas se dan y que sufrimos el pueblo ¡Como siempre!
Es triste ver a los “Siervos de la nación” hasta hace unos meses, ahora “Servidores de la nación”, gente que trabaja gratuitamente con la esperanza de roer un hueso, sin preparación, ni capacitación por parte de SEDESOL.
Me fue más doloroso que preocupante; mi bolsa pasó a ser “pecata minuta” comparado con ver la interacción entre la gente “joven” (empleados) algunos prepotentes, otros recreando la idea del adulto mayor inútil, incapaz, obediente porque ya no se le permita decidir y, lo peor, las personas adultas mayores obedeciendo, aceptando, calladas sin reclamar como si estuvieran dándonos algo que no merecemos y tenemos que agradecer después de haber "hecho patria" por más de sesenta años. Cobré mi pensión y me fui a casa con mis bolsas en buenas circunstancias la de colostomía, y la del dinero, eso sí, con mucho enojo…
Mis últimas dos aventuras en sociedad han sido un éxito: una en un cumpleaños con mucho que comer y que beber, y otra en un seminario en el Congreso, mi técnica con la bolsa ha mejorado inmensamente lo que me da harta tranquilidad. Comienzo a vivir con ella, y no pendiente de ella…"
El día 17 me vi en la necesidad de ir al telégrafo central en el Palacio Federal que alberga también el correo pues es ahí donde pagan la Pensión universal y es de “cuerpo presente”, el 16, llovía, fui y me regresé, pues la cola era muy larga y con riesgo de contraer un resfriado y no hay donde guarecerse. Al otro día hacia frio pero estuvo seco, las mismas faltas de respeto a las personas adultas mayores, mal trato, desconsideraciones, una organización pésima, que yo quisiera saber si los padres, madres o aun los mismos empleados “tomadores de decisiones” mayores, como delegado, secretario, directores(as) de programas, envían a sus familiares adultas mayores a hacer estas colas. Mi otra pregunta es si están enterados de que estos apoyos se dan desde hace más de 18 años y desde esa época existe una infraestructura para el reparto digno de las pensiones. En las delegaciones con el resguardo del edificio, las personas mayores podían cobrar si mojarse, ¿no lo saben? O se hacen o son las cachetadas políticas que en las altas esferas se dan y que sufrimos el pueblo ¡Como siempre!
Es triste ver a los “Siervos de la nación” hasta hace unos meses, ahora “Servidores de la nación”, gente que trabaja gratuitamente con la esperanza de roer un hueso, sin preparación, ni capacitación por parte de SEDESOL.
Me fue más doloroso que preocupante; mi bolsa pasó a ser “pecata minuta” comparado con ver la interacción entre la gente “joven” (empleados) algunos prepotentes, otros recreando la idea del adulto mayor inútil, incapaz, obediente porque ya no se le permita decidir y, lo peor, las personas adultas mayores obedeciendo, aceptando, calladas sin reclamar como si estuvieran dándonos algo que no merecemos y tenemos que agradecer después de haber "hecho patria" por más de sesenta años. Cobré mi pensión y me fui a casa con mis bolsas en buenas circunstancias la de colostomía, y la del dinero, eso sí, con mucho enojo…
Mis últimas dos aventuras en sociedad han sido un éxito: una en un cumpleaños con mucho que comer y que beber, y otra en un seminario en el Congreso, mi técnica con la bolsa ha mejorado inmensamente lo que me da harta tranquilidad. Comienzo a vivir con ella, y no pendiente de ella…"
Continuará...

Excelentes comentarios Marba,a lo mejor juntandolos todos, hasta se pudiera hacer un libro. Pero más allá de lo anterior, lo que viste en el pago de las pensiones universales es una vivencia para una exposición de motivos en un reclamo al gobierno en cualquier foro. Felicidades y pronta recuperacion
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