lunes, 7 de octubre de 2019

LA GENERACIÓN DE LOS "BABY BOOMERS"

Hace unos 15 días tuvimos el gusto de conocer a María Sánchez Ávila, miembro de Educación y Ciudadanía, A.C. de San Luis Potosí. Ella nos acaba de enviar un texto sobre la generación de los "Baby Boomers" que hoy, somos las personas mayores. Nos gustó mucho y decidimos compartirlo con todas los o las que nos siguen en este blog. Aquí lo tienen:



Puentes sobre aguas turbulentas



Como en la canción de Simon and Garfunkel



Como he comentado con ustedes, en esta semana que termina, en un evento para conmemorar los 5 años de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, un grupo de cantautores locales se reunió en un concierto del que fue invitado especial el cantante Gabino Palomares. Su intervención fue lo más afortunado de la noche; el público coreó su Maldición de Malinche y, con voz fuerte y puños en alto, Hasta siempre comandante, de Carlos Puebla. Mis compañeras de fila, algunas viejas como yo, lloraron. Un momento realmente emotivo.

La ocasión y la cercanía de un aniversario más del 2 de octubre me llevaron a reflexionar sobre quienes protagonizamos mayoritariamente ese coro improvisado: las y los felices poseedores de una tarjeta del INSEN recién estrenada. ¿Qué nos une? ¿Qué nos hace diferentes a quienes nos antecedieron? La generación llamada “silenciosa” e, igual, ¿¨Por qué somos diferentes de quienes nacieron en la siguiente década?

Sin intentar hacer un estudio con datos estadísticos y toda la cosa, pensaba, varias cosas, desordenadas como las pongo aquí; y ustedes disculparán que tengan que seguir los saltos de la mente y el corazón. La primera reflexión va en el ser mujer de la llamada generación baby booomer: somos las primeras mujeres que accedimos, de manera masiva, a la universidad y que ejercimos la profesión. No recuerdo una sola mamá de mis amigos o vecinos que trabajara fuera de la casa. Somos la primera generación de mujeres que conoció la anticoncepción, el divorcio como práctica más normalizada. Creo que eso nos hizo diferentes.

El haber vivido al inicio de nuestra juventud, siendo casi niñas, niños, los cambios que significaron las movilizaciones del 68, nos hizo ciudadanos del mundo: París, Praga. En México nos apropiamos de las calles, de las plazas, de los camiones públicos que usábamos como tribunas. Una energía creadora, liberadora porque todo estaba por hacerse; había que construir un país distinto al que nos habían dejado.

Somos herederas, herederos de los hippies, de esos locos para quienes bastaba con soñar, imaginar las cosas para que estas sucedieran, así sin más. No sé a ustedes, pero a mí esa creencia, difusa en su momento, me llenaba de energía. Me sentía capaz de todo, porque todo podía suceder.

En el mundo convulso del neo capitalismo fuimos partícipes de experiencias sociales alentadas por la vigencia del socialismo y la firme creencia en la necesidad de la democracia, que nos marcaron con fuego, en el adn, convicciones.   Nos formamos en las luchas libertarias de fines de los 60´s y los 70¨s y más. Somos hijas e hijos del 68, del 71, de los Montoneros, de la Unidad Popular, del sandinismo, el FMLN y el zapatismo.

¿Que qué nos dejaron esos empeños? Creo que algunos elementos que nos diferencian, para bien y para mal, de otras generaciones (sea lo que sea que signifique el término generación) son:

1, El convencimiento profundo de que hay un horizonte luminoso; de que el estado actual de las cosas puede cambiar; con la mira puesta en la paz, en un mundo igualitario donde todas, todos, seamos bienvenidos, bien tratados, apreciados por lo que somos.

2. Ese cambio se dará de manera colectiva; nuestras luchas fueron organizadas por todo un pueblo, por comunidades, en las que la participación individual se diluía en sentido de lo colectivo. Nadie se salva solo, nadie logra metas solo; es necesaria la fuerza, la voz de todos. Nos empeñamos en formar sindicatos, partidos políticos, cooperativas, instituciones, asociaciones civiles, grupos guerrilleros…Después demostrarían sus límites, su inoperancia, pero fueron, en su momento, espacios de creación colectiva que pretendían conciliar opiniones, opciones de futuro, líneas de acción, para proponer alternativas viables a las cuales sumarnos para abonar a construir ese mundo mejor con el que soñábamos.

3. Una fe inquebrantable en la capacidad individual de transformarnos, de cambiar y de aportar al bien común. Una pasión por la transformación social que nos lleva a sumarnos, ya en la etapa final de nuestras vidas, a todo lo que nos huela a futuro, a posibilidad de abrazos fraternos, de cantos, a horizonte de maíz y banderas rojas.

¡Desmiéntanme, por favor!



María Sánchez

Octubre de 2019.

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