Puentes
sobre aguas turbulentas
Como en la canción de
Simon and Garfunkel
Como he comentado con ustedes,
en esta semana que termina, en un evento para conmemorar los 5 años de la
desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, un grupo de cantautores locales se
reunió en un concierto del que fue invitado especial el cantante Gabino
Palomares. Su intervención fue lo más afortunado de la noche; el público coreó
su Maldición de Malinche y, con voz fuerte y puños en alto, Hasta
siempre comandante, de Carlos Puebla. Mis compañeras de fila, algunas
viejas como yo, lloraron. Un momento realmente emotivo.
La ocasión y la cercanía de un
aniversario más del 2 de octubre me llevaron a reflexionar sobre quienes
protagonizamos mayoritariamente ese coro improvisado: las y los felices
poseedores de una tarjeta del INSEN recién estrenada. ¿Qué nos une? ¿Qué nos
hace diferentes a quienes nos antecedieron? La generación llamada “silenciosa”
e, igual, ¿¨Por qué somos diferentes de quienes nacieron en la siguiente década?
Sin intentar hacer un estudio con
datos estadísticos y toda la cosa, pensaba, varias cosas, desordenadas como las
pongo aquí; y ustedes disculparán que tengan que seguir los saltos de la mente
y el corazón. La primera reflexión va en el ser mujer de la llamada generación
baby booomer: somos las primeras mujeres que accedimos, de manera masiva, a la
universidad y que ejercimos la profesión. No recuerdo una sola mamá de mis amigos
o vecinos que trabajara fuera de la casa. Somos la primera generación de
mujeres que conoció la anticoncepción, el divorcio como práctica más
normalizada. Creo que eso nos hizo diferentes.
El haber vivido al inicio de
nuestra juventud, siendo casi niñas, niños, los cambios que significaron las
movilizaciones del 68, nos hizo ciudadanos del mundo: París, Praga. En México
nos apropiamos de las calles, de las plazas, de los camiones públicos que
usábamos como tribunas. Una energía creadora, liberadora porque todo estaba por
hacerse; había que construir un país distinto al que nos habían dejado.
Somos herederas, herederos de
los hippies, de esos locos para quienes bastaba con soñar, imaginar las cosas
para que estas sucedieran, así sin más. No sé a ustedes, pero a mí esa
creencia, difusa en su momento, me llenaba de energía. Me sentía capaz de todo,
porque todo podía suceder.
En el mundo convulso del neo
capitalismo fuimos partícipes de experiencias sociales alentadas por la
vigencia del socialismo y la firme creencia en la necesidad de la democracia,
que nos marcaron con fuego, en el adn, convicciones. Nos
formamos en las luchas libertarias de fines de los 60´s y los 70¨s y más. Somos
hijas e hijos del 68, del 71, de los Montoneros, de la Unidad Popular, del
sandinismo, el FMLN y el zapatismo.
¿Que qué nos dejaron esos
empeños? Creo que algunos elementos que nos diferencian, para bien y para mal,
de otras generaciones (sea lo que sea que signifique el término generación)
son:
1, El convencimiento profundo
de que hay un horizonte luminoso; de que el estado actual de las cosas puede
cambiar; con la mira puesta en la paz, en un mundo igualitario donde todas,
todos, seamos bienvenidos, bien tratados, apreciados por lo que somos.
2. Ese cambio se dará de
manera colectiva; nuestras luchas fueron organizadas por todo un pueblo,
por comunidades, en las que la participación individual se diluía en sentido de
lo colectivo. Nadie se salva solo, nadie logra metas solo; es necesaria la
fuerza, la voz de todos. Nos empeñamos en formar sindicatos, partidos
políticos, cooperativas, instituciones, asociaciones civiles, grupos
guerrilleros…Después demostrarían sus límites, su inoperancia, pero fueron, en
su momento, espacios de creación colectiva que pretendían conciliar opiniones,
opciones de futuro, líneas de acción, para proponer alternativas viables a las
cuales sumarnos para abonar a construir ese mundo mejor con el que soñábamos.
3. Una fe inquebrantable en la
capacidad individual de transformarnos, de cambiar y de aportar al bien común.
Una pasión por la transformación social que nos lleva a sumarnos, ya en la
etapa final de nuestras vidas, a todo lo que nos huela a futuro, a posibilidad de
abrazos fraternos, de cantos, a horizonte de maíz y banderas rojas.
¡Desmiéntanme, por favor!
María Sánchez
Octubre de 2019.
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