Nuestra querida Eva Luz
Eva Luz, nuestra querida amiga, socia fundadora de VIDAM, que siempre nos contagió con su entusiasmo, creatividad y sus proyectos para hacer un México mejor, nos dejó hoy a medio día, después de una prolongada enfermedad durante la cual jamás perdió su entusiasmo por la vida, el amor por sus hijos y nietos, por sus amigas y amigos.
No sabíamos qué escribir para que quedara aquí plasmado nuestro sentir y poderlo trasmitir a aquellas personas que nos van siguiendo. Pero nuestra Marva, a quien ya todos y todas conocen, se adelantó, con unas reflexiones tan bonitas, que mejor dejamos que ella les hable:
19 de marzo 2020
A Eva, mi compañera del
zodiaco
Desde hace casi un año, cuando me diagnosticaron el cáncer de
colon, Eva Luz, quien llevaba ya cuatro ataques del mismo mal, se convirtió en
un ejemplo para mí y una guía de lo que yo debía y no debía hacer. Durante ese
tiempo, fuimos apoyo una de la otra, cada una en la medida de nuestras
posibilidades, dado que “cojeábamos de la misma pata”. Juntas decidimos mandar
muy lejos de nosotras al cáncer y creamos nuestro lema “El cáncer nos hace los mandados… Chingue su madre el cáncer”. A veces reíamos de nuestra enfermedad, otras hablábamos de las posibles situaciones que se presentarían para ella o
para mí; nos comunicábamos para hablar un poco cada semana o más. Salíamos de
vez en cuando a comer o al cine; a mí los estragos de los tratamientos y a ella
los de la enfermedad, ya muy avanzada, nos pusieron en parecidas circunstancias
de vulnerabilidad. Hubo veces que plantear los adelantos de mi tratamiento fue
difícil, pues era marcar la diferencia del posible desenlace para mí o para
ella. Poco a poco, la brecha se abrió más grande; para ella ya no había marcha
atrás, las alternativas se acabaron dejando solamente la de morir dignamente y
en paz…
Este medio día fui avisada de su muerte. Habíamos
hablado por teléfono hace menos de dos semanas y la había visto y conversado
hace casi un mes. Hoy me invadió la confusión de sentimientos: dolor, pensando
en su deseo de vivir a costa de su sufrimiento; tristeza, por quedarme sin ella
que me acompañó con su experiencia en el trecho más confuso de mi enfermedad;
frustración, por no haberla visto con más frecuencia; enojo, por haber tardado
tanto en medio de dolores físicos, desde mi punto de vista insoportables, con
tanto sufrimiento y seguir aferrada a la vida. Como un rayo de sol en medio de
la obscura tormenta, sentí alegría de su descanso, de su decisión, al fin, de
terminar con todo ese sufrimiento; de que su corazón se haya detenido, aunque
con él se detenga el áncora del tiempo de nuestra amistad. Ahora ya no está, la
haré vivir recordando anécdotas, leyendo sus libros, recitando sus poesías,
riendo de sus puntadas, admirando sus pinturas. Quienes la amamos, la haremos
trascender en el tiempo y en nuestras vidas. Pensaré en ella con la
constelación del cáncer; la recordaré como una “Compañera del Zodíaco”…
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