martes, 17 de marzo de 2020

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER. XXV


Y nuestra querida Marva sigue avanzando en sus terapias al margen del coronavirus, las marchas de mujeres, AMLO o no AMLO, PRIAN, huachicol y demás cosas de la vida diaria de este México nuestro. Las enfermedades no tienen paciencia, no esperan, avanzan a su paso como ese virus que nos tiene al borde de la locura (no se explica de otra manera esa pasión desmedida por el papel higiénico). Sin embargo, hay otras, como el cáncer que sí tienen remedio en muchos casos, y hay que afrontarlas con entereza y valentía como lo hace Marva.

Aquí sus avances y reflexiones:


"16 de marzo 2020

Tercera sesión de Quimio.
Después de más de una semana y días de agitación emocional, sentimental e ideológica en la que casi me olvidé de mi zodiaco, desde el viernes ingresé al hospital para mi tercera sesión de quimio por 24 horas. Con la aplicación intravenosa comienzan los síntomas producidos por los medicamentos y sus efectos colaterales. Los que se hacen más fuertes por la saturación de los medicamentos 
en el organismo y la toxicidad ya ejercida en anteriores aplicaciones.
Mi médico es casi de la misma edad que yo y con muchos años de experiencia, además de tener una buena actitud: sentido del humor y de ética. Con estos dos atributos su trato es realmente aterciopelado, sin embargo hubo un momento en el que surgió un reclamo de mi parte pues en cada observación que hacia al protocolo común decía: “vamos a hacerlo de esta manera pues a su edad”... la primera la tomé como verdad, la segunda como protección pero las siguientes comenzaron a hacerme sentir en riesgo por fragilidad, y salté a una sensación de descalificación, por lo que le pregunté “ doctor ¿por qué menciona constantemente ‘Su edad’ si somos casi de la misma talla?... me hace sentir muy vieja” Rió y me contestó, “tiene razón, solo que “a nuestra edad” ( hizo énfasis en el “nuestra”) hay que cuidar muchas circunstancias que se pudieran presentar y que la deteriorarían más que la enfermedad”. Me dio una explicación amplia y entendí una realidad; a nuestra edad las reacciones no son iguales que una adolescente, una veinteañera o adulta joven; todo nuestro organismo y las venas son muy frágiles, por eso recomendó que me pusieran un catéter puerto que el cirujano me colocó a la altura del corazón pero del lado derecho conectado a una vena que llega al corazón, al que durante la aplicación del medicamento, me conectan un suero constante, en el pasan los medicamentos en vez de picar una vena en cada aplicación de los químicos, que son tres y se infiltran durante 25 minutos a goteo regular con intervalos de 20 minutos y se repite cada 8 horas durante 24.
Me ha explicado la evolución de mi salud: ¡que va bien!, y de los síntomas adicionales causados por la toxicidad del medicamento. En esta ocasión son más fuertes e incapacitantes; el solo contacto con objetos de menor temperatura que la de mi cuerpo me produce dolor, no solo el entumecimiento. La parálisis del nervio medio de las manos me tiene con “mano de predicador” extensión de los dedos índice y medio y contracción de anular, meñique y pulgar. Dispuesta a echarle la bendición a quien sea. Aunque sin mucha fuerza pues la tengo disminuida. Sufro de vez en cuando el olvido de nombres o de palabras, ocasionalmente confusión de las ideas que me hacen dudar de lo que estoy pensando…Sé que todo esto pasará en la medida en que el tratamiento termine y que las secuelas son menores que las de la radiación que si pueden aparecer o permanecer a muy largo plazo. Me advirtió también de posibles cambios de estado de ánimo, todo esto como reacción de la intoxicación que el medicamento hace en el sistema nervioso central y periférico y yo agrego que a la impotencia que produce.
Anteriormente había aguantado los síntomas, sin medicamentos paliativos, pero esta vez ¡Sí que es fuerte!, por lo que acepté tomar antineuríticos. Además de evitar el dolor y la incapacidad, disminuir o eliminar la necesidad de tener a alguien que me atienda, que no es fácil de obtener, por ocupaciones y costos.
Aun así veo claramente la expresión de la teoría de Carl Jung sobre la “sincronicidad” que dice que ‘No puede tratarse en definitiva de causa y efecto, «sino de una coincidencia en el tiempo, de una especie de simultaneidad», de ahí el término sincronicidad‘. Se describe la sincronicidad «como una relación entre tiempo y espacio psíquicamente condicionada»…
El universo, la naturaleza, los estados unidos y sus guerras bacteriológicas para quebrar economías, están en sincronicidad conmigo. Y ahora el encierro propiciado por el Coronavirus hará que mi familia se quede en casa para realmente echarme la mano mientras pasan estos síntomas tan incapacitantes desde lo físico hasta lo emocional. ¡Ahora sí tendrán que aguantarme! (JIJIJIJIJI)

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