martes, 14 de abril de 2020

VIVIENDO JUNTAS EN ENCIERRO

Uno de los proyectos más importantes que VIDAM ha impulsado ha sido el de "Vivir Juntas". Lo iniciaron hace como dos años, Marva y Raquel, principalmente. Tuvieron  una buena experiencia que ya ambas están llevando al papel y algún día nos compartirán.

Hace dos meses, sin  proponerlo, Diana y yo, Rosi, iniciamos esa aventura en un contexto diferente. Diana es una de las más jóvenes de nuestra asociación, una chiquilla de casi 37 años, y yo de 77 recién cumplidos. Dianita se vino a vivir a mi casa temporalmente y aquí sigue. La diferencia de edad no ha importado en absoluto por el gran respeto que nos tenemos.

Nos tomó por sorpresa el coronavirus y el encierro y lo que quiero compartir son mis experiencias de esta convivencia que, para mí, ha sido caída del cielo.

Soy una persona muy acostumbrada a vivir sola. Ni me pesa, ni sufro. Al contrario, lo disfruto. Pero el encierro obligado, durante meses, es otro cuento, ya que antes del virus salía con mucha frecuencia, me juntaba con amigas a alguna clase o cafecito. Estoy segura que sin Diana de compañía, el aislamiento me habría pegado duro.

Por el contrario, a ambas nos hace mucho bien, pues platicamos, intercambiamos ideas. Ella con sus cursos en línea, yo con los míos o mis lecturas, siempre tenemos algo de qué conversar, y de esa manera,  el casi un mes de claustro, se me ha pasado bastante rápido. A ratos me entra la desesperación, sobre todo por la falta de ejercicio, así que los últimos cuatro días me escapo de casa a eso de las 8 am,  doy una caminata de unos 15 minutos por la colonia, muy solitaria, y disfruto del fresquito matinal, de los pajaritos y de las flotes que veo al pasar. Diana me cuida y me da mil recomendaciones antes de salir y lo mismo hago yo con ella cuando tiene que ir de compras pues yo, viejilla, no debo de hacerlo, según las recomendaciones de la Secretaría de Salud.

Recapacito con frecuencia en qué habría sido mi vida de no estar Diana aquí. Como digo líneas arriba, llegó caída del cielo para salvar a esta anciana que, quizás, habría caído en tristezas, añoranzas y depresiones de haber estado completamente sola. Así es la vida, nos premia sin proponerlo y cuando menos lo esperamos.

Así que aquí, sin teorías, sin planificación ex profeso, estamos llevando a cabo una de las premisas de "Vivir juntas": acompañarse y disfrutar de la amistad en momentos en que más lo necesitamos. Con frecuencia pienso en las muchas  personas adultas que deben estar pasando días muy difíciles por este encierro obligado. ¡Todos los días reconozco lo afortunada que soy!

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