martes, 27 de agosto de 2019

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER. VIII


Marva sigue reflexionando gracias a esos espacios que ahora se da el lujo de tener. Espacios obligados de descanso y recuperación, sin dejar de intervenir y apoyar a VIDAM en sus múltiples actividades y, seguramente, a su familia y muchas otras personas que dependen de su guía y consejo en su campo profesional.

Sin más, aquí sigue:

28 de julio, 2019


"Cáncer y Capricornio 


Como tengo mucho tiempo para pensar, reflexionar, investigar y escribir, y las circunstancias me llevan a un cambio de modo de vida, no de vida pues es la misma y será la misma hasta los 94, me he puesto a revisar qué es lo que me quiere decir mi enfermedad desde la más variopinta temática.


Es ya conocido y aceptado que existen enfermedades psicosomáticas, que por un desequilibrio en nuestras emociones desencadenan estados de enfermedad; eso no quiere decir locura, pero si odios, enojos, dolores, tristezas, vergüenzas, arrepentimientos, frustraciones, miedos o sentimientos auto devaluatorios y culpa.  

 De acuerdo a la bioenergética, las enfermedades se presentan en lugares significativos: las que se dan en el colon son como los alimentos de sostén de vida, eventos que nos llegan de fuera, masticamos, tragamos, digerimos pero no sacamos, se quedan pegados como “empacho” en nuestro colon. Dependiendo de la emoción y del órgano de choque de cada persona, la reacción se aloja en diferentes partes del cuerpo.


Aunque la medicina alopática no acepta a las otras formas de origen de enfermedad ni de curación mientras no tengan comprobación mediante el método científico, está demostrado y comienza en muchas partes a tomar importancia, la valoración del ser humano integral: como mente/cuerpo, o alma, mente/cuerpo haciendo eco a una aseveración que existe desde antes de la era cristiana y dice: “Del mismo modo que no es apropiado curar los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco es apropiado curar el cuerpo sin el alma” (Sócrates, 400 a.c.)


Haciendo una revisión me he dado cuenta, desde tiempo atrás, de circunstancias no agradables que me han llevado a tomar decisiones fuertes que ahora veo que quizá sean de huida en vez de enfrentamiento, en las que se mezclan varias emociones y se convierten en un torbellino productor de enfermedad. 

Una de estas circunstancias, ya la tenía yo medida por ser la duradera, la que toca mi vida transversalmente, pero al estar mezclada con el miedo, me freno para enfrentarla. No fue el hecho inicial en sí, pues fue un acto de amor y confianza, fue el continuar con esa confianza hasta permitir el abuso y no frenarlo por miedos diversos que se fueron creando. Situación que me ha metido en un círculo vicioso de necesidades varias, satisfactores incompletos y miedo a perder el poco beneficio que mantiene insatisfechas las necesidades, y que solo es un paliativo. 


Definir algunos miedos me deja en la alternativa de mi solitud. Yo tengo miedo por mí y por otros, yo afrontaría las consecuencias pero se derramarían como cascada en personas que amo, y no podría librarlos de las consecuencias de lo que han o no han hecho, o de los que les toca. Yo “soy yo” y cada uno de los demás son “otro” y cada quien hará lo que le toca, va a doler pero tengo que solucionar…


Ya metida en esta investigación de enfermedades, emociones, predisposiciones y predicciones fui a caer en los signos zodiacales, y vi que aunque yo soy de Capricornio, el mes de la  detección de mi enfermedad es el periodo de Cáncer junio/ julio. El mío: tierra, el de Cáncer: Agua. El mío reflexivo, el de cáncer ilusorio y soñador, ¡No vamos una con el otro!  más que para producir plantas. Así que Cáncer y Capricornio se despiden amistosamente y para siempre… y nos encontraremos en la chinanpa".

29 de julio, 2019

Y hablando de chinanpas...


"La chinampa.


Hace dos años, cuando ingresé a la asociación VIDAM (Vida Digna para Personas Adultas  Mayores) lo hice por medio de dos de sus actividades, una de ellas fue la de huertos caseros. A pesar de tener un gran jardín, me interesó experimentar con cajones de cultivo y mandé a hacer cuatro cajones de madera de equipales: tres de 80 x 80 y con patas para lograr una altura de cincuenta centímetros y facilitar el trabajo sin agacharse tanto; se puede trabajar en ellos sentadita en una silla. Otro de mis cajones fue de 1.30 x 80. Uno de los pequeños  le gustó a mi nieto y se lo llevó a su cuarto para guardar triques.  Los otros dos cajones chicos funcionaron como debían y dieron una gran producción de lechugas, apio, cebollín, brócoli, acelga y espinacas durante un año. 


Cuando me cambié de casa por el experimento “Viviendo Juntas en Sororidad” me llevé mis cajones y comencé una nueva siembra con los mismos productos, más zanahorias. La instructora que nos acompaña había mencionado mucho la Chinampa; yo sé perfectamente de qué se trata pues en una época de mi vida trabajé en el centro de Salud de Xochimilco, y algunos de mis pacientes vivían en una chinampa en la que cultivaban de todo. Me entusiasmó la idea y el gran cajón se convirtió en chinampa usando como fondo dos lonas de un candidato frustrado.

Es importante comentar que la siembra y cuidado de los huertos los hacemos en una reunión del grupo a manera del tequio ancestral. Llevamos comida y bebida sana, desayunamos, recibimos la información de la instructora, y nos vamos a trabajar en el huerto de la compañera en turno. 

Acomodando bien las lonas para hacer un contenedor resistente y con cajas de leche acomodadas en el contorno del cajón sobre la lona, lo rellenamos de tierra preparada para el cultivo, sembramos verduras comunes como las mencionadas, más verdolagas y algunas exóticas de buenos y horribles sabores pero que cuando se es vegana o simplemente vegetariana o sibarita, hay que tener en el huerto. El rededor lo llenamos de agua que se escabulló entre las cajas de leche.

Después de dos meses, quité las cajas de leche, y vi lograda la chinampa, rodeada de agua limpia, ese mismo día compré berros, los acicalé para la ensalada y los tallos con raíces los metí en las orillas de la chinampa, hablándoles y pidiéndoles que se sintieran cómodos y crecieran a su antojo... y así lo hicieron. Me dio una gran alegría comer los primeros berros cultivados en mi chinampa y una gran satisfacción de tener cultivo de berros sin rio… En lo seco. 

Comento todo esto porque al someterme a una cirugía que me regresó a la casa familiar, exigí, como única acción imperdonable que mi chinampa la transportaran íntegra, sin sacarle la tierra como a los demás cajones; solo les expliqué que al llegar a donde la pondrían, le llenaran de agua, pues yo había dejado de regarla previendo que se secaría para el día del transporte, evitando el mayor peso y riesgo de ruptura del cajón.
                
 Mis hijos, yerno, nieto y Raquel mi vecina de cuarto en el experimento, que insistió en el transporte de mi chinampa, su hijo y nieto hicieron posible que mi experimento con berros sin rio, y mi orgullo de chinampa llegara sana y salva a mi nueva residencia.

Mi nieto y las nubes se han encargado de mantenerla con agua.


Ayer comí berros de la chinampa, y esta mañana que ya me permití y me permitieron bajar, la visité, mi hija me acompañó y acomodamos una plantas que estaban creciendo sin ton ni son, matas de chiles habaneros, morrones y algunas cebollejas...



¡Fue un placer enorme volver a meter las manos en la tierra húmeda!


Continuará...













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