miércoles, 13 de mayo de 2020

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER. XXVII

Nuestra querida Marva, incansable, nos sigue relatando sus experiencias con su quimioterapia y  la secuela de ésta. Bolsorita está presente, como verán más adelante:

11 de mayo 2020


"Hace cinco días, el seis para ser precisa, recibí la quinta y penúltima quimio. Esto me llena de alegría y optimismo pues estoy a un mes de terminar tratamientos medicamentosos y someterme a otra cirugía que será para reconectar mis tripitas; me alegrará deshacerme de Bolsorita aunque sé que la voy a recordar mucho tiempo.
Entre mis expectativas está el sentirme mejor con mi autosuficiencia y el retomar mi consulta pues la inactividad me trae económicamente por la calle de la amargura como a todas las victimas del Sars CoV-2. Para dentro de un mes y medio espero que esto ya nos permita movernos más libremente.
No sé si sea la reacción acumulativa de cinco sesiones de medicación, pero los síntomas se han hecho más fuertes y han aparecido algunos nuevos, como parálisis de los músculos de enfoque visual lo que, de vez en cuando, me hace ver bizco, lo mismo que una ligera parálisis de los músculos del labio superior que me deja sin expresión, momentáneamente; han surgido síntomas en otras partes del cuerpo ligeros y tolerables pero extraños y desequilibrantes del “Statu Quo” de mi alma y emociones.
La necesidad de dormir ha sido como antes no la había sentido; los primeros tres días he dormido entre 16 y 18 horas de 24, despierto para comer y tomar medicamentos, y para ir al baño, intento ver alguna película o el feis y me quedo dormida. Esto ha ocasionado tragedias, desperdicios y pérdidas pues me dispongo a hacer algo de lo que normalmente hago, pero me topo con mis imposibilidades físicas reactivas.
El adormecimiento de manos y pies han sido causa de pérdida: ante antier me dio tentación de ver tanto trasto en el fregadero de la cocina y con guantes de tela y sobre ellos unos de plástico lavé algunos vasos y platos, al secarlos y llevarlos a la alacena, pise, con la pantufla blanda algún hueso de naranja o basura pequeña pero el dolor fue tan intenso que para no caer y sostenerme de la puerta de la despensa, solté un plato y se rompió. Después de esta pérdida, vino la del desperdicio pues saqué algunas tortillas a secar en la mesita de la terraza para hacer chilaquiles y me dormí, despertando con el ruido 
de la lluvia que dejó de ser arrullador; mis tortillas estaban ensopadas. Y por ultimo, antier, decidida a comer y tomar un rico atole de arroz, lo puse a cocer en lo que veía un episodio de muertos y policías y me dormí, me despertó el olor a quemado y al abrir los ojos estaba sobre mi cabeza una inmensa nube de humo, como una cirros, blanca, larga y fibrosa que se deslizaba lenta y cadenciosamente por la puerta de la sala hacia el jardín para tomar rumbo al cielo diluyéndose alegre como si festejara su libertad… ¡Y yo me quedé! Para ponerle agua a la cacerola del arroz quemado y que se ablande. En mi terquedad decidí hacer más atole… para,  finalmente, disfrutarlo entre muertos de la tele, cabeceadas y una que otra galleta María.

Continuará...
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viernes, 24 de abril de 2020

VIDAM, RAQUEL Y EL CORONAVIRUS

En días pasados compartimos algunas experiencias de algunas de nuestras amigas en esta cuarentena obligada, pero necesaria. Ahora Raquel nos platica sobre sus vivencias en esta etapa de nuestras vidas  y en esta situación tan difícil para los habitantes del planeta.

Aquí la tienen:

Les comparto un poco de lo que estoy haciendo en esta cuarentena pandemiológica:

A dos años de convertirme en persona adulta mayor, a unos años de haberme jubilado del trabajo formal, situación que no me ha llevado a estar en casa, pues desde que llegué a Xalapa he estado elaborando diversos proyectos que me llevan a trabajar en VIDAM y en LudoArte, ambas asociaciones que me apasionan y no me han dejado dedicarme a escribir, como quería, al jubilarme… llega el Covid 19 y la necesidad de quedarse en casa con las debidas recomendaciones para cuidar a las personas que pueden contraer el virus y tener consecuencias más complejas, y ahí se centran las personas adultas mayores,  y mi interés en no convertirme en portadora que les ocasione alguna complicación en su salud.
En un principio me puse a disposición de las compañeras de VIDAM que estaban sin acompañamiento y necesitaran de algo, cosa que no se ocupó, pues tal como son de organizadas y previsoras, ya lo tenían resuelto y es ahí donde cabe reconocer que la familia fortalece el cuidado de las personas adultas mayores.
Después me ofrecí a apoyar de alguna manera en la colonia donde vivo y como tiene poco tiempo que estoy aquí, me puse en contacto con la jefa de manzana a quien, después de comentar brevemente,mi disposición de apoyar de alguna manera a personas adultas mayores que necesitaran de alguien que les leyera, jugar, que me enseñaran algo de lo que saben hacer, en fin, darles acompañamiento de alguna forma, me dijo que Dios nos iba a salvar. (yo no pretendía salvar a nadie, tan solo acompañar un poco desde lo muy poco que puedo hacer o aprender).
El caso es que seguí vagando sin encontrar en qué ayudar, sin saber cómo hacerlo con la respectiva de la distancia, poco tiempo, pocos conocimientos para hacer algo y poca iniciativa, entre muchos pocos más que se van acumulando, encontré una forma para apoyar en un comedor comunitario y lo estoy haciendo, no físicamente, ya que se me dificulta ya ponerme de acuerdo con personas jóvenes ágiles y yo sin saber cocinar que es una de las principales cosas que se necesitan jeje, pero estoy apoyando como puedo. También estoy leyendo de vez en cuando en la página de LudoArte… Bueno, salvo que ya regresaron a clase y descansamos esta semana de inicio de su educación, ahora virtual, pero con muchos trabajos escolares que abarcan a la misma familia.
Ahora en un nuevo proyecto de grabar lecturas para personas ciegas y débiles visuales, me emociono nuevamente porque voy encontrando formas de compartir poco de lo que se hacer y me gusta. De tal forma que aquí estoy compartiendo con las compañeras de VIDAM y con quien nos lea, las actividades que hago en esta cuarentena de encierro.
p.d. Es curioso… como antes, mientras más cosas tengo por hacer más puedo ir avanzando en trabajos atorados que tenía,como seguir escribiendo.
Raquel, abril 2020


¡Por el derecho de todas las personas que nacimos en la tierra a una porción de ella, para vivir y producir nuestros alimentos!

sábado, 18 de abril de 2020

MARVA, EL CANCER XXVI Y EL CORONAVIRUS

Nuestra querida Marva nos sigue regalando escritos. Se ve que el encierro y la peculiar situación de estar enclaustrada por doble motivo, su proceso de tratamiento de quimioterapia y las precauciones de "¡Quédate en casa!" y demás por el cronavirus, la están inspirando de manera extraordinaria. Así que aquí la tenemos, nuevamente, deleitándonos con su bella escritura y sutiles ironías...



MARVA, 16 DE ABRIL 2020

"El sonido de una podadora manual llamó mi atención; estaba muy cerca, en el jardín de mi hijo que colinda con el de nuestra casa. Poco a poco el aroma del pasto cortado llegó hasta la cocina donde yo preparaba, con mi nieto, algo de almorzar, varias voces se acercaron y salimos a ver quiénes eran: mi hijo y un jardinero me saludaron de lejos y me pidió mi hijo que le diera indicaciones de cómo quería que arreglara el pequeño jardín.
Comenzaron a cortar algunas plantas muy altas que crecieron sin invitación ni permiso y ,además, sin oficio ni beneficio: a medida que podaban, el jardín se iluminaba... Volví a ver la tierra del piso y las pequeñas matas del pasto que aún quedan. Entre todo esto, varias plantas de jinicuil se erguían tiernas y temblorosas; le pedí que las rescatara y las colocó en macetas, igual algunas plantas de fresa.
A medida que la poda adelantaba, la luz iluminaba más ese pequeño jardín; pedí al joven que siguiera cortando ramas; el espacio se despejó, el sol entró hasta la tierra, el tallo del aguacate pareció erguirse, el follaje del mandarino reverdeció con todo sus matices, la planta del paraíso se llenó de aves, el agapanto se relajó, pues ya no tiene que estirarse para tomar el sol, el crotón lució más amarillo que nunca ,y más bello con su nuevo corte, dejando ver las tímidas flores de la azalea rosa, que crece junto a él; un filodendro con sus grandísimas hojas dejó al descubierto el pasto japonés muy peinado a pesar de todo. Acicaladas las matas del lirio de mayo, espero que nos obsequien flores muy pronto, también 
pusieron en línea el seto que con varios años de olvido había engordado. Un suave viento hizo presencia: desde dentro de la casa lo veo balancear las ramas de los árboles y lo siento en el aroma del acuyo que entra por las rendijas de la puerta frente a la que estoy sentada.
Cerca de la tres de la tarde, apoltronada en un cómodo sillón de la sala detrás del vidrio del ventanal: por esto de la sana distancia y mis circunstancias, desde donde a veces a señas nos entendimos el jardinero y yo, y sintiéndome como gato en tarde de lluvia, ¡Realmente comenzó a llover! El joven recogió sus bártulos, acabó de limpiar y se despidió. Una sensación comenzó a invadirme con la imagen del jardín, ¡Solo! con el temblor de las hojas golpeadas por la lluvia y esa especie de neblina que da la profusión de gotas cayendo; sentí su abandono y nostalgia que pasó a un ¡Ahora somos tu y yo! con una mezcla de satisfacción, admiración, buena expectativa, quizá ilusión, acompañadas de esa alegría que sientes, que sale desde las entrañas y sube entre pecho y espalda para llegar al cuello y emitir un ¡¡¡Sí!! ¡¡¡¡Que requete bonito esta mi jardín!!!!.
Desde antier esa sensación no me abandona y cuando la quiero reforzar salgo al jardín, muevo algunas hojas, cambio de lugar una maceta y retomo la sensación de felicidad que puede dar un jardín de 24 metros cuadrados…”en tiempos de coronavirus”


martes, 14 de abril de 2020

VIVIENDO JUNTAS EN ENCIERRO

Uno de los proyectos más importantes que VIDAM ha impulsado ha sido el de "Vivir Juntas". Lo iniciaron hace como dos años, Marva y Raquel, principalmente. Tuvieron  una buena experiencia que ya ambas están llevando al papel y algún día nos compartirán.

Hace dos meses, sin  proponerlo, Diana y yo, Rosi, iniciamos esa aventura en un contexto diferente. Diana es una de las más jóvenes de nuestra asociación, una chiquilla de casi 37 años, y yo de 77 recién cumplidos. Dianita se vino a vivir a mi casa temporalmente y aquí sigue. La diferencia de edad no ha importado en absoluto por el gran respeto que nos tenemos.

Nos tomó por sorpresa el coronavirus y el encierro y lo que quiero compartir son mis experiencias de esta convivencia que, para mí, ha sido caída del cielo.

Soy una persona muy acostumbrada a vivir sola. Ni me pesa, ni sufro. Al contrario, lo disfruto. Pero el encierro obligado, durante meses, es otro cuento, ya que antes del virus salía con mucha frecuencia, me juntaba con amigas a alguna clase o cafecito. Estoy segura que sin Diana de compañía, el aislamiento me habría pegado duro.

Por el contrario, a ambas nos hace mucho bien, pues platicamos, intercambiamos ideas. Ella con sus cursos en línea, yo con los míos o mis lecturas, siempre tenemos algo de qué conversar, y de esa manera,  el casi un mes de claustro, se me ha pasado bastante rápido. A ratos me entra la desesperación, sobre todo por la falta de ejercicio, así que los últimos cuatro días me escapo de casa a eso de las 8 am,  doy una caminata de unos 15 minutos por la colonia, muy solitaria, y disfruto del fresquito matinal, de los pajaritos y de las flotes que veo al pasar. Diana me cuida y me da mil recomendaciones antes de salir y lo mismo hago yo con ella cuando tiene que ir de compras pues yo, viejilla, no debo de hacerlo, según las recomendaciones de la Secretaría de Salud.

Recapacito con frecuencia en qué habría sido mi vida de no estar Diana aquí. Como digo líneas arriba, llegó caída del cielo para salvar a esta anciana que, quizás, habría caído en tristezas, añoranzas y depresiones de haber estado completamente sola. Así es la vida, nos premia sin proponerlo y cuando menos lo esperamos.

Así que aquí, sin teorías, sin planificación ex profeso, estamos llevando a cabo una de las premisas de "Vivir juntas": acompañarse y disfrutar de la amistad en momentos en que más lo necesitamos. Con frecuencia pienso en las muchas  personas adultas que deben estar pasando días muy difíciles por este encierro obligado. ¡Todos los días reconozco lo afortunada que soy!

martes, 31 de marzo de 2020

¡¡¡CORONAVIRUS!!!

La humanidad entera se enfrenta a este coronavirus que nos ha quitado el sueño, llenado de  pánico  y dado un vuelco a nuestras vidas, Las personas mayores, como somos todas en VIDAM, hemos reaccionado de diferentes maneras, según la personalidad de cada una. Algunas, por experiencias difíciles vividas, nos hemos mantenido tranquilas sabiendo que esta pandemia pasará, como todo en la vida, y que no sería raro que vayan surgiendo otras aún peores. Pero no estamos angustiadas y enfrentamos nuestro encierro, día a día, con serenidad. Otras de nosotras, posiblemente sí estén muy asustadas. Las personas reaccionan ante las calamidades, de una manera u otra, según su historia de vida. Y habrá quien encare toda esta situación con gran sentido del humor, como vemos a continuación en el excelente escrito de Magno Garcimarrero, gran amigo de VIDAM y hermano de nuestra Marva:

28 marzo 2020

 INCOMUNICACIÓN
A mitad de este enclaustramiento obligado por el miedo a la fantasmal epidemia del coronavirus, me atengo a los recursos de comunicación a larga distancia: Teléfono celular, correo electrónico, y el arcaico teléfono doméstico que inventó de chiripa Graham Bell ,y del que todavía quedan reminiscencias en algunos domicilios habitados por ancianos… como es mi caso. Este teléfono “fijo”, sirve aún porque algunos de mis compadres y amigos de la cuarta edad, siguen usando el suyo porque nunca pudieron actualizar sus capacidades de aprendizaje frente a los modernos aparatos móviles (Chango viejo no aprende maroma nueva) que los niños y jóvenes de hoy manejan como cualquier cosa. Cuando me suena el celular, el puro timbre identifica de quién procede: mi hijo, mi hija, mi secretario, mi geriatra. Y cuando suena el teléfono “doméstico”, ya sé que es de mi anciano compadre que nunca aprendió a usar el celular, o de algún delincuente en prisión que intenta que le abone alguna cantidad de dinero en una tarjeta bancaria (banca cómplice), para no asesinar a alguna hipotética hija, que no tengo, secuestrada al doblar la esquina de mi casa.
En virtud de este aislamiento “saludable”, las conferencias telefónicas que antes duraban de 3 a 5 minutos, ahora se prolongan, mínimamente, de 60 a 120 minutos, entre que resolvemos el problema mundial de la epidemia, despotricamos contra las medidas sanitarias del sistema sanitario nacional, nos ofrecemos las mejores prevenciones y remedios caseros contra el coronavirus, y nos deseamos que no nos llegue la lumbre a los aparejos.
Ahora me ha dado por hacer un recuento de actividades de los 14 días anteriores, tiempo de incubación del virus según la OMS, con la misma devoción telúrica que tuve para hacer la primera comunión, y arrepintiéndome con golpes de pecho de la pachanga que organicé en mi casa el viernes antepasado, la comida familiar del martes anterior, la visita a una amiga este último viernes: mea culpa, mea culpa. Y me impongo la penitencia de aspirar hondo y tratar de aguantar la respiración contando hasta diez, que según los que saben de esto, quiere decir que mis pulmones están sanos. Logro contar hasta once, rapidito, y siento que he obtenido la absolución. Acabo de correr a mi cocinera que le tose a la olla de frijoles y estornuda sobre el comal dejando escarchadas las tortillas. Era una verdadera amenaza. Le compré guantes y bozal a mi chofer… gasto inútil, porque ya no puede uno circular por las calles de la ciudad. Mi mujer tan precavida, me dijo anoche que me fuera a dormir al cuarto de la azotea que “está muy bien ventilado y donde hay una tabla inclinada que antes servía para hacer flexiones deportivas, pero que ahora puede servirme de cama”, con solo acostumbrarme a dormir de pie y recargado, que bueno, “ya sabes que siempre las primera noche fuera de tu cama habitual es incómoda, pero luego te acostumbras, no repeles que solo son catorce días”.
Ya me soplé todas las películas y series de Netflix, Gnula, y Youtube y me he quedado en espera de estrenos, jeje, les llevo ventaja.
Hoy saldré azorado al changarro de la esquina, (cuidando que no me vea la policía) a comprar chicharrones de Naolinco, mi vicio, que esos por suerte, son como el mezcal: curan todo mal… todo bien también, y la Organización Mundial de la Salud ni noticia tiene de su existencia.
M. G.


viernes, 20 de marzo de 2020

EVA LUZ: ¡ADIÓS QUERIDA AMIGA!




Nuestra querida Eva Luz


Eva Luz, nuestra querida amiga,  socia fundadora de VIDAM, que siempre nos contagió con su entusiasmo, creatividad y sus proyectos para hacer un México mejor, nos dejó hoy a medio día, después de una prolongada enfermedad durante la cual jamás perdió su entusiasmo por la vida, el amor por sus hijos y nietos, por sus amigas y amigos.
No sabíamos qué escribir para que quedara aquí plasmado nuestro sentir y poderlo trasmitir a aquellas personas que nos van siguiendo. Pero nuestra Marva, a quien ya todos y todas conocen, se adelantó, con unas reflexiones tan bonitas, que mejor dejamos que ella les hable:


19 de marzo 2020

A Eva, mi compañera del zodiaco

Desde hace casi un año, cuando me diagnosticaron el cáncer de colon, Eva Luz, quien llevaba ya cuatro ataques del mismo mal, se convirtió en un ejemplo para mí y una guía de lo que yo debía y no debía hacer. Durante ese tiempo, fuimos apoyo una de la otra, cada una en la medida de nuestras posibilidades, dado que “cojeábamos de la misma pata”. Juntas decidimos mandar muy lejos de nosotras al cáncer y creamos nuestro lema “El cáncer nos hace los mandados… Chingue su madre el cáncer”. A veces reíamos de nuestra enfermedad, otras hablábamos de las posibles situaciones que se presentarían para ella o para mí; nos comunicábamos para hablar un poco cada semana o más. Salíamos de vez en cuando a comer o al cine; a mí los estragos de los tratamientos y a ella los de la enfermedad, ya muy avanzada, nos pusieron en parecidas circunstancias de vulnerabilidad. Hubo veces que plantear los adelantos de mi tratamiento fue difícil, pues era marcar la diferencia del posible desenlace para mí o para ella. Poco a poco, la brecha se abrió más grande; para ella ya no había marcha atrás, las alternativas se acabaron dejando solamente la de morir dignamente y en paz…
Este medio día fui avisada de su muerte. Habíamos hablado por teléfono hace menos de dos semanas y la había visto y conversado hace casi un mes. Hoy me invadió la confusión de sentimientos: dolor, pensando en su deseo de vivir a costa de su sufrimiento; tristeza, por quedarme sin ella que me acompañó con su experiencia en el trecho más confuso de mi enfermedad; frustración, por no haberla visto con más frecuencia; enojo, por haber tardado tanto en medio de dolores físicos, desde mi punto de vista insoportables, con tanto sufrimiento y seguir aferrada a la vida. Como un rayo de sol en medio de la obscura tormenta, sentí alegría de su descanso, de su decisión, al fin, de terminar con todo ese sufrimiento; de que su corazón se haya detenido, aunque con él se detenga el áncora del tiempo de nuestra amistad. Ahora ya no está, la haré vivir recordando anécdotas, leyendo sus libros, recitando sus poesías, riendo de sus puntadas, admirando sus pinturas. Quienes la amamos, la haremos trascender en el tiempo y en nuestras vidas. Pensaré en ella con la constelación del cáncer; la recordaré como una “Compañera del Zodíaco”…


martes, 17 de marzo de 2020

MARVA: CÓMO SE VIVE EL CÁNCER. XXV


Y nuestra querida Marva sigue avanzando en sus terapias al margen del coronavirus, las marchas de mujeres, AMLO o no AMLO, PRIAN, huachicol y demás cosas de la vida diaria de este México nuestro. Las enfermedades no tienen paciencia, no esperan, avanzan a su paso como ese virus que nos tiene al borde de la locura (no se explica de otra manera esa pasión desmedida por el papel higiénico). Sin embargo, hay otras, como el cáncer que sí tienen remedio en muchos casos, y hay que afrontarlas con entereza y valentía como lo hace Marva.

Aquí sus avances y reflexiones:


"16 de marzo 2020

Tercera sesión de Quimio.
Después de más de una semana y días de agitación emocional, sentimental e ideológica en la que casi me olvidé de mi zodiaco, desde el viernes ingresé al hospital para mi tercera sesión de quimio por 24 horas. Con la aplicación intravenosa comienzan los síntomas producidos por los medicamentos y sus efectos colaterales. Los que se hacen más fuertes por la saturación de los medicamentos 
en el organismo y la toxicidad ya ejercida en anteriores aplicaciones.
Mi médico es casi de la misma edad que yo y con muchos años de experiencia, además de tener una buena actitud: sentido del humor y de ética. Con estos dos atributos su trato es realmente aterciopelado, sin embargo hubo un momento en el que surgió un reclamo de mi parte pues en cada observación que hacia al protocolo común decía: “vamos a hacerlo de esta manera pues a su edad”... la primera la tomé como verdad, la segunda como protección pero las siguientes comenzaron a hacerme sentir en riesgo por fragilidad, y salté a una sensación de descalificación, por lo que le pregunté “ doctor ¿por qué menciona constantemente ‘Su edad’ si somos casi de la misma talla?... me hace sentir muy vieja” Rió y me contestó, “tiene razón, solo que “a nuestra edad” ( hizo énfasis en el “nuestra”) hay que cuidar muchas circunstancias que se pudieran presentar y que la deteriorarían más que la enfermedad”. Me dio una explicación amplia y entendí una realidad; a nuestra edad las reacciones no son iguales que una adolescente, una veinteañera o adulta joven; todo nuestro organismo y las venas son muy frágiles, por eso recomendó que me pusieran un catéter puerto que el cirujano me colocó a la altura del corazón pero del lado derecho conectado a una vena que llega al corazón, al que durante la aplicación del medicamento, me conectan un suero constante, en el pasan los medicamentos en vez de picar una vena en cada aplicación de los químicos, que son tres y se infiltran durante 25 minutos a goteo regular con intervalos de 20 minutos y se repite cada 8 horas durante 24.
Me ha explicado la evolución de mi salud: ¡que va bien!, y de los síntomas adicionales causados por la toxicidad del medicamento. En esta ocasión son más fuertes e incapacitantes; el solo contacto con objetos de menor temperatura que la de mi cuerpo me produce dolor, no solo el entumecimiento. La parálisis del nervio medio de las manos me tiene con “mano de predicador” extensión de los dedos índice y medio y contracción de anular, meñique y pulgar. Dispuesta a echarle la bendición a quien sea. Aunque sin mucha fuerza pues la tengo disminuida. Sufro de vez en cuando el olvido de nombres o de palabras, ocasionalmente confusión de las ideas que me hacen dudar de lo que estoy pensando…Sé que todo esto pasará en la medida en que el tratamiento termine y que las secuelas son menores que las de la radiación que si pueden aparecer o permanecer a muy largo plazo. Me advirtió también de posibles cambios de estado de ánimo, todo esto como reacción de la intoxicación que el medicamento hace en el sistema nervioso central y periférico y yo agrego que a la impotencia que produce.
Anteriormente había aguantado los síntomas, sin medicamentos paliativos, pero esta vez ¡Sí que es fuerte!, por lo que acepté tomar antineuríticos. Además de evitar el dolor y la incapacidad, disminuir o eliminar la necesidad de tener a alguien que me atienda, que no es fácil de obtener, por ocupaciones y costos.
Aun así veo claramente la expresión de la teoría de Carl Jung sobre la “sincronicidad” que dice que ‘No puede tratarse en definitiva de causa y efecto, «sino de una coincidencia en el tiempo, de una especie de simultaneidad», de ahí el término sincronicidad‘. Se describe la sincronicidad «como una relación entre tiempo y espacio psíquicamente condicionada»…
El universo, la naturaleza, los estados unidos y sus guerras bacteriológicas para quebrar economías, están en sincronicidad conmigo. Y ahora el encierro propiciado por el Coronavirus hará que mi familia se quede en casa para realmente echarme la mano mientras pasan estos síntomas tan incapacitantes desde lo físico hasta lo emocional. ¡Ahora sí tendrán que aguantarme! (JIJIJIJIJI)