11 de mayo 2020
"Hace cinco días, el seis para ser precisa, recibí la quinta y penúltima
quimio. Esto me llena de alegría y optimismo pues estoy a un mes de terminar
tratamientos medicamentosos y someterme a otra cirugía que será para reconectar
mis tripitas; me alegrará deshacerme de Bolsorita aunque sé que la voy a
recordar mucho tiempo.
Entre mis expectativas está el sentirme mejor con mi autosuficiencia y el retomar mi consulta pues la inactividad me trae económicamente por la calle de la amargura como a todas las victimas del Sars CoV-2. Para dentro de un mes y medio espero que esto ya nos permita movernos más libremente.
No sé si sea la reacción acumulativa de cinco sesiones de medicación, pero los síntomas se han hecho más fuertes y han aparecido algunos nuevos, como parálisis de los músculos de enfoque visual lo que, de vez en cuando, me hace ver bizco, lo mismo que una ligera parálisis de los músculos del labio superior que me deja sin expresión, momentáneamente; han surgido síntomas en otras partes del cuerpo ligeros y tolerables pero extraños y desequilibrantes del “Statu Quo” de mi alma y emociones.
La necesidad de dormir ha sido como antes no la había sentido; los primeros tres días he dormido entre 16 y 18 horas de 24, despierto para comer y tomar medicamentos, y para ir al baño, intento ver alguna película o el feis y me quedo dormida. Esto ha ocasionado tragedias, desperdicios y pérdidas pues me dispongo a hacer algo de lo que normalmente hago, pero me topo con mis imposibilidades físicas reactivas.
El adormecimiento de manos y pies han sido causa de pérdida: ante antier me dio tentación de ver tanto trasto en el fregadero de la cocina y con guantes de tela y sobre ellos unos de plástico lavé algunos vasos y platos, al secarlos y llevarlos a la alacena, pise, con la pantufla blanda algún hueso de naranja o basura pequeña pero el dolor fue tan intenso que para no caer y sostenerme de la puerta de la despensa, solté un plato y se rompió. Después de esta pérdida, vino la del desperdicio pues saqué algunas tortillas a secar en la mesita de la terraza para hacer chilaquiles y me dormí, despertando con el ruido de la lluvia que dejó de ser arrullador; mis tortillas estaban ensopadas. Y por ultimo, antier, decidida a comer y tomar un rico atole de arroz, lo puse a cocer en lo que veía un episodio de muertos y policías y me dormí, me despertó el olor a quemado y al abrir los ojos estaba sobre mi cabeza una inmensa nube de humo, como una cirros, blanca, larga y fibrosa que se deslizaba lenta y cadenciosamente por la puerta de la sala hacia el jardín para tomar rumbo al cielo diluyéndose alegre como si festejara su libertad… ¡Y yo me quedé! Para ponerle agua a la cacerola del arroz quemado y que se ablande. En mi terquedad decidí hacer más atole… para, finalmente, disfrutarlo entre muertos de la tele, cabeceadas y una que otra galleta María.
Entre mis expectativas está el sentirme mejor con mi autosuficiencia y el retomar mi consulta pues la inactividad me trae económicamente por la calle de la amargura como a todas las victimas del Sars CoV-2. Para dentro de un mes y medio espero que esto ya nos permita movernos más libremente.
No sé si sea la reacción acumulativa de cinco sesiones de medicación, pero los síntomas se han hecho más fuertes y han aparecido algunos nuevos, como parálisis de los músculos de enfoque visual lo que, de vez en cuando, me hace ver bizco, lo mismo que una ligera parálisis de los músculos del labio superior que me deja sin expresión, momentáneamente; han surgido síntomas en otras partes del cuerpo ligeros y tolerables pero extraños y desequilibrantes del “Statu Quo” de mi alma y emociones.
La necesidad de dormir ha sido como antes no la había sentido; los primeros tres días he dormido entre 16 y 18 horas de 24, despierto para comer y tomar medicamentos, y para ir al baño, intento ver alguna película o el feis y me quedo dormida. Esto ha ocasionado tragedias, desperdicios y pérdidas pues me dispongo a hacer algo de lo que normalmente hago, pero me topo con mis imposibilidades físicas reactivas.
El adormecimiento de manos y pies han sido causa de pérdida: ante antier me dio tentación de ver tanto trasto en el fregadero de la cocina y con guantes de tela y sobre ellos unos de plástico lavé algunos vasos y platos, al secarlos y llevarlos a la alacena, pise, con la pantufla blanda algún hueso de naranja o basura pequeña pero el dolor fue tan intenso que para no caer y sostenerme de la puerta de la despensa, solté un plato y se rompió. Después de esta pérdida, vino la del desperdicio pues saqué algunas tortillas a secar en la mesita de la terraza para hacer chilaquiles y me dormí, despertando con el ruido de la lluvia que dejó de ser arrullador; mis tortillas estaban ensopadas. Y por ultimo, antier, decidida a comer y tomar un rico atole de arroz, lo puse a cocer en lo que veía un episodio de muertos y policías y me dormí, me despertó el olor a quemado y al abrir los ojos estaba sobre mi cabeza una inmensa nube de humo, como una cirros, blanca, larga y fibrosa que se deslizaba lenta y cadenciosamente por la puerta de la sala hacia el jardín para tomar rumbo al cielo diluyéndose alegre como si festejara su libertad… ¡Y yo me quedé! Para ponerle agua a la cacerola del arroz quemado y que se ablande. En mi terquedad decidí hacer más atole… para, finalmente, disfrutarlo entre muertos de la tele, cabeceadas y una que otra galleta María.
Continuará...
